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jueves, 21 de octubre de 2010

La Pasarela en forma de Y y otros puentes caja

La Pasarela Nube, más conocida como la Pasarela en forma de Y, fue uno de los primeros puentes peatonales terminados dentro del proyecto Madrid Río. Inaugurada en el otoño de 2009, constituye el punto culminante del Salón de Pinos, nombre con el que han sido bautizado los jardines y paseos que se extienden al sur del Puente de Segovia.

Cruza el Manzanares en las inmediaciones del Estadio Vicente Calderón, poniendo en contacto los distritos de Centro y Latina, a través de las calles de San Ambrosio y San Conrado, emplazadas en el primer distrito citado, y del Mármol, en el segundo.



La pasarela, de unos cien metros de longitud, tiene una configuración realmente singular, muy alejada de los tramos rectos convencionales. Está estructurada en tres brazos, con origen en cada una de las vías antes señaladas, que confluyen en medio del cauce, sin necesidad de ninguna sujeción en la parte central.

Todo ello da lugar a una curiosa planta en forma de Y, rasgo que finalmente se ha impuesto en el topónimo de la pasarela.

Su diseño se debe a los ingenieros Peter Tanner y Juan Luis Bellod Thomas, quienes se inspiraron en los puentes de hierro de la segunda mitad del siglo XIX, aunque incorporando adelantos tecnológicos, que, como  el empleo de materiales ligeros, han permitido que la pasarela quede suspendida sobre el río apoyándose únicamente en los extremos.



Si, por sus elementos formales, los autores tomaron prestados arquetipos arquitectónicos de tiempos pretéritos, por el color verde con el que la pasarela está pintada, también se observa una clara coincidencia con el pasado.

Nos estamos refiriendo a los antiguos pontones peatonales del Manzanares, hechos en madera, que eran conocidos como "puentes verdes", en alusión a la pintura que protegía sus pretiles. Es el caso del Puente Verde de la Florida, de Pedro de Ribera, del que hemos hablado recientemente.

Pura casualidad, pues no creemos que en el ánimo de los autores estuviera presente este último argumento histórico.

Sea como sea, la impronta decimonónica que acompaña a la obra de Tanner y Bellod nos da la excusa perfecta para conocer algunos de los puentes de hierro realizados en la Comunidad de Madrid a lo largo del siglo XIX.

En concreto, visitamos los que se levantan sobre los ríos Henares y Guadarrama, que comparten con la pasarela del Manzanares el mismo modelo constructivo, en forma de caja.

Puente sobre el Henares (Torrejón de Ardoz)



Este puente está ubicado en Torrejón de Ardoz, cerca de la carretera que conduce hasta Loeches. Fue construido en 1889 por la compañía catalana Material para Ferrocarriles y Construcciones de Barcelona, a partir de un estándar claramente industrial.

Es de tramo recto y se apoya en dos estribos de mampostería poligonal, con esquinas rematadas en sillares. Mide aproximadamente cuarenta metros de longitud.


El puente a finales del siglo XIX.

Puente sobre el Guadarrama (Móstoles, Villaviciosa de Odón)



Se encuentra en el límite de los términos municipales de Móstoles y Villaviciosa de Odón, que, en ese punto, queda definido por el curso del río Guadarrama. Formaba parte del antiguo ferrocarril Madrid-Almorox, cuyo primer tramo, en el que el puente quedó integrado, entró en funcionamiento en el año 1891.

Se debe a Simón Ruiz Medrano y fue realizado enteramente en Navalcarnero. A diferencia de la obra anterior y debido a su mayor envergadura, consta de tres puntos de sujeción, dos laterales y uno central, formados por sólidas bases de piedra de granito.

domingo, 28 de febrero de 2010

Tras las huellas del ferrocarril Madrid-Almorox


Cortesía de Gustavo Vieites.

La actual red ferroviaria que atraviesa la Comunidad de Madrid comenzó a gestarse en la segunda mitad del siglo XIX. Muchos trazados de aquella época siguen operativos, convenientemente actualizados y adaptados a las necesidades actuales. Pero otros muchos dejaron de funcionar y quedaron en el más absoluto abandono.

Es el caso del ferrocarril que unía Madrid con el municipio toledano de Almorox, del que aún se conservan diversas infraestructuras de interés histórico, si bien la mayor parte ha desaparecido. Hoy nos ocuparemos del puente de hierro situado sobre el río Guadarrama, todavía en pie, y de sus diferentes estaciones, con especial mención a la de Goya, que fue derribada para edificar viviendas.

Un poco de historia

La citada línea férrea fue promovida por una sociedad de capital belga. Empezó a entrar en servicio el 15 de julio de 1891, cuando se inauguró oficialmente el primer tramo, que llegaba hasta Navalcarnero. Pocos meses después, el 26 de diciembre, se puso en marcha el segundo, que terminaba en Villa del Prado. Hubo que esperar varios años, hasta 1901, para alcanzar Almorox, el destino final.

Se construyó para el tránsito de viajeros, pero, fundamentalmente, para el transporte de mercancías. El objetivo era facilitar la llegada de productos agrícolas a la capital desde los fértiles valles de los ríos Guadarrama y Alberche, que hasta entonces se transportaban en pesados carros tirados por mulas, a través de caminos secundarios.

El ferrocarril Madrid-Villa del Prado-Almorox era de vía métrica, una tipología por entonces muy utilizada en las comunicaciones comarcales, al resultar mucho menos costosa que el ancho nacional, reservado para las grandes distancias. Pertenecía a la red de FEVE, la compañía en la que se integran los ferrocarriles españoles de vía estrecha.

En la década de los sesenta del siglo XX, la línea empezó a tener problemas económicos, debido, principalmente, a la competencia del transporte por carretera, con lo que, en 1965, se tomó la decisión de clausurar el tramo Navalcarnero-Almorox, el más deficitario.

El año 1970 supuso el cierre definitivo del histórico ferrocarril o, mejor dicho, su conversión en una línea de cercanías, gestionada por Renfe, tras proceder al desdoblamiento, electrificación y adaptación al ancho nacional de las vías. Estos trabajos se circunscribieron únicamente al tramo Madrid-Móstoles y se prolongaron hasta 1976.

Las estaciones

La estación término estuvo emplazada junto al río Manzanares, cerca del Paseo de Extremadura y de la actual Calle de Saavedra Fajardo. Fue bautizada con el nombre de Goya, por su proximidad con la Quinta del Sordo, donde vivió el genial pintor aragonés.


La Estación de Goya aparece en la parte inferior de la imagen, hacia el centro.

Sus obras comenzaron en 1883, un año antes de que a la empresa promotora le fuera concedida la licencia del tramo Madrid-Navalcarnero, el primero que arrancó. El proyecto se debió a Fernando María de Castro y fue elaborado en 1882.

De reducidas dimensiones, su modesta arquitectura la convertía en la hermana pequeña de las grandes estaciones ferroviarias madrileñas, como las del Norte, Atocha y Delicias. Ocupaba una superficie de apenas 492 metros cuadrados y estaba hecha en ladrillo, con cubierta de teja.

En 1965, la compañía que gestionaba la línea férrea consideró la posibilidad de derribar la estación para vender su solar y construir viviendas. Las plusvalías obtenidas con este movimiento ayudarían a paliar las dificultades económicas de aquellos momentos. Tal operación no pudo llevarse a cabo hasta 1969, año en el que la Gerencia Municipal de Urbanismo dio el visto bueno a la urbanización de los terrenos.


Cortesía de Gustavo Vieites.

La línea férrea llegó a contar con dieciocho estaciones, entre apartaderos y apeaderos. De las ocho primeras (Goya, Empalme, Campamento, Cuatro Vientos, Alcorcón, Colonia Ramírez, Móstoles y Villaviciosa de Odón) apenas quedan restos, ya que sobre esta parte del recorrido discurre en la actualidad la línea C-5 de Cercanías.

Con respecto a las diez restantes (Río Guadarrama, Navalcarnero, Villamanta, Valquejigoso, Méntrida, Río Alberche, Rincón, Villa del Prado, Alamín y Almorox), se mantienen en pie algunas de ellas, aunque su conservación no es muy buena.

El puente sobre el Guadarrama

Entre las infraestructuras que han llegado a nuestros días, la más destacada es, sin duda alguna, el puente de hierro que salva el río Guadarrama, emplazado justo en el límite de los términos municipales de Móstoles y Villaviciosa de Odón.



Se levanta sobre el punto kilométrico 21,300 de la desaparecida línea ferroviaria, junto a un paraje que antiguamente era conocido como Vado de San Marcos. Presenta una estructura en forma de caja, apoyada en los extremos en estribos y en el centro en una sólida base de sillería de granito, que emerge del propio cauce. Se debe a Simón Ruiz Medrano y fue realizado en Navalcarnero.

Además de su gran relevancia técnica, como punto clave del trazado ferroviario, el puente tuvo un enorme interés social. En sus inmediaciones fue construido un apeadero que, con el nombre de Río Guadarrama, se convirtió en un destino de referencia para los excursionistas y bañistas que, procedentes de Madrid, buscaban pasar un día de campo. Por esta razón, se le habilitó un andén peatonal, que permitía a los viandantes cruzar el río sin peligro.

Pese a su importancia histórica, el puente se halla en un lamentable estado, en medio de una zona donde han proliferado las viviendas ilegales, muchas de ellas chabolas. Actualmente, forma parte de una Vía Verde, con la que la Comunidad de Madrid pretende fomentar la práctica del senderismo y del ciclismo.



Agradecimiento especial

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Gustavo Vieites Brignolo por su colaboración y gentileza permitiéndonos la publicación de dos fotografías históricas que se encuentran bajo el copyright de Ediciones Amberley S.L. (Inglaterra) y de http://gustavovieites.cmact.com.

También queremos recomendar la visita de la citada página web, todo un derroche de conocimiento sobre la arqueología ferroviaria, en general, y el ferrocarril Madrid-Almorox, en particular.

viernes, 5 de febrero de 2010

El Móstoles mudéjar

Buscando las huellas del románico y del mudéjar madrileño, llegamos en esta ocasión hasta Móstoles. Puede resultar sorprendente encontrar este tipo de restos en un municipio de tan arrolladora expansión demográfica y urbanística.

Pero ahí están, ensombrecidos por los modernos bloques de viviendas que dominan el paisaje urbano, informando de un pasado medieval que, en la zona sur de la región madrileña, dejó su impronta arquitectónica en forma de mudéjar toledano.


Vista parcial de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el edificio más antiguo de Móstoles, guarda dos importantes muestras de arte mudéjar, que los expertos datan en los siglos XII y XIII: la torre y el ábside.

Ambos elementos consiguieron salvarse de las dos desafortunadas reformas de las que fue objeto el templo en el siglo XX. Estas remodelaciones, especialmente la segunda, significaron la práctica desaparición de las tres naves inicialmente construidas y su sustitución por un gran espacio interior, que quedó cubierto por una única bóveda.


Cabecera con ábside mudéjar, del siglo XIII.

El ábside sigue las pautas estilísticas del mudéjar toledano, aunque se observan rasgos del románico tardío del siglo XIII. Por esta razón, se ha fechado su origen en este siglo, a diferencia de la torre, que podría ser anterior.

Se trata de un semitambor, con basamento de mampostería encintada, y seccionado en dos cuerpos de arcos ciegos de herradura apuntada, enmarcados por alfiz. La estructura se remata con una fila de canecillos.

Con respecto a la torre, probablemente fue erigida en el siglo XII. Mide 26 metros de altura y presenta planta cuadrangular. Combina en su fábrica el ladrillo y el mampuesto. En su parte superior, se encuentra el campanario, que se apoya en ocho arcos de medio punto, dos por cada una de las cuatro caras.


La torre es del siglo XII.