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martes, 17 de agosto de 2010

La Silla de Felipe II

La Silla de Felipe II es un canchal de piedra situado en el término municipal de San Lorenzo de El Escorial, en el que hay esculpidos diferentes asientos, plataformas y escalones, en lo que constituye una de las atracciones turísticas más visitadas del Real Sitio.



Desde el siglo XIX se ha venido alimentando la leyenda de que el rey Felipe II (r. 1566-1598) mandó construir un mirador, al que acudía con cierta asiduidad, para vigilar las obras del monasterio, que se extendieron desde 1563 hasta 1584.

Si este lugar realmente existió, es altamente improbable que fuera el que hoy se identifica con el nombre de Silla de Felipe II. Al margen del topónimo, este enclave nada tuvo que ver con el monarca renacentista y sí con un altar de origen vetón, en el que se realizaban sacrificios de animales, en honor de un dios indígena, que podría equiparse al Marte romano.

Ésta es la hipótesis que, desde hace años, viene sosteniendo la profesora Alicia M. Cantó, que basa sus conclusiones en la existencia de numerosos indicios que avalan que los montes escurialenses fueron una zona de contacto entre los vetones y los carpetanos.

Además, el monumento presenta paralelismos muy claros con otros altares prerromanos de la Península Ibérica, como los abulenses de Villaviciosa (Solosancho) y El Raso (Candeleda) y el portugués de Panóias (Vila Real), con los que no sólo comparte una factura muy similar, sino también la misma orientación.

Existe otra evidencia, que, no por obvia, deja de ser enormemente valiosa: la llamada Silla de Felipe II ofrece una panorámica tan remota del Real Monasterio, que difícilmente pudo servir de observatorio, mucho menos para comprobar en detalle cómo evolucionaban las obras del edificio.


Vista de San Lorenzo de El Escorial, desde la Silla de Felipe II. Como puede comprobarse, es improbable que el monarca utilizara este lugar como mirador para vigilar las obras del monasterio, debido a la lejanía.

Descripción

La Silla de Felipe II se encuentra a unos dos kilómetros y medio del casco urbano de San Lorenzo de El Escorial, en pleno bosque de La Herrería, una de las fincas que Felipe II anexionó para la creación del Real Sitio.

Preside la parte superior del Canto Gordo, como es conocido un enorme canchal de granito, ubicado al pie de las montañas de Las Machotas, desde el que se divisa a lo lejos la imponente fachada meridional del monasterio.

Consiste en una serie de rebajes realizados sobre la piedra, en forma de asientos, que se agrupan en tres grandes secciones. La más importante de ellas está conformada por tres cavidades, que parecen sillas, con sus respectivos reposabrazos, que miran directamente hacia el Real Monasterio.

El conjunto se completa con varias plataformas, igualmente labradas sobre la roca, y diferentes escaleras. Es posible que algunas de ellas fueran construidas en el siglo XIX, cuando se forjó la leyenda antes señalada, en un momento en el que las recreaciones historicistas se pusieron de moda.

No debe olvidarse que, en este siglo, era frecuente añadir elementos arquitectónicos completamente nuevos a los monumentos que se restauraban, a partir de una visión idealizada de la época a la que pertenecían.

A modo de ejemplo, podemos citar el Patio de los Leones de la Alhambra, donde fueron colocadas cúpulas de inspiración oriental en las edificaciones circundantes, en lugar de los tejados piramidales originales, que, afortunadamente, pudieron recuperarse con posterioridad.

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