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lunes, 12 de enero de 2015

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (8): la Fuente de Santo Domingo

La Fuente de Santo Domingo estuvo situada junto al desaparecido Convento de Santo Domingo el Real, en la plaza del mismo nombre. Fue levantada en la tercera década del siglo XVII, en un momento en el que la ciudad de Madrid estaba siendo adornada con diferentes hitos ornamentales, principalmente fuentes de porte monumental.


'La Plaza de Santo Domingo', por Louis Meunier (1665-68).

Casi todas estas fuentes fueron proyectadas entre 1617 y 1618, dentro de un calculado plan de embellecimiento, que el ayuntamiento había encargado al arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora y al escultor italiano Rutilio Gaci.

No es el caso de la fuente que ocupa nuestra atención, que se realizó posteriormente, ante la insistente presión de los vecinos de la zona, quienes habían hecho llegar al consistorio numerosas instancias reclamando su instalación.

Pese a ello, esta fuente guardaba muchas similitudes estilísticas con las que surgieron del citado plan y, a juicio de Juan Álvarez de Colmenar, era a principios del siglo XVIII una de las más dignas de aprecio de la capital.

La decisión de su construcción fue tomada el 12 de diciembre de 1634, por acuerdo de la Junta de Fuentes, si bien no pudo estar terminada hasta finales de 1635 o principios de 1636. Llevaba un caudal de tres reales de agua.


Detalle de un grabado de 1701 del editor Pieter Van den Berge, posiblemente tomado del dibujo de Louis Meunier, aunque se publicó con la perspectiva invertida.

La fuente se nutría del llamado ramal de los Basilios (proveniente del viaje de agua de la Fuente Castellana), que, con tal motivo, fue ampliado con una conducción que partía desde la Calle de Tudescos y llegaba hasta la Plaza de Santo Domingo.

Los trabajos de fontanería fueron encomendados a Pedro de Sevilla, mientras que los de cantería corrieron a cargo de Miguel Collado, quien recibió por ello la cantidad de 1.000 ducados. Todo ello bajo la supervisión del maestro de obras y veedor de fuentes Cristóbal de Aguilera, a quien debemos el Estanque Grande del Buen Retiro.

Se desconoce si éste último pudo intervenir en el diseño o si, por el contrario, fue una creación directa del cantero. En cualquier caso, el autor pareció inspirarse en algunas de las fuentes de Rutilio Gaci, de las que tomaba prestados rasgos como el tipo de cuerpo, la querencia por las líneas curvas o la disposición en voladizo de las conchas.


Tres de las fuentes de Rutilio Gaci (de izquierda a derecha: Puerta Cerrada, Plaza de la Villa y Puerta de Sol).

También se observa la influencia de Juan Gómez de Mora en el recurso a una cúpula maciza para la parte superior, tal y como éste hiciera en la Fuente de la Abundancia, que estuvo presidiendo la Plaza de la Cebada hasta principios del siglo XIX.

'La feria de Madrid en la Plaza de la Cebada', por Manuel de la Cruz Cano y Olmedilla (1770-90).

En 1637 el escultor portugués Manuel Pereira recibió el encargo de hacer una escultura de piedra para rematar el conjunto. No hay constancia de que realizara esta obra, aunque sí se sabe que, en 1640, procedió a la restauración y limpieza de una estatua de mármol de la diosa Venus, que es la que finalmente se puso.

Es posible que esta figura procediese de Italia y que, incluso, formase parte del paquete de adquisiciones del mercader florentino Ludovico Turchui, que importó de su país varias estatuas mitológicas, posiblemente del siglo XVI, para ser colocadas en distintas fuentes madrileñas. Entre ellas, se encontraba la famosa Mariblanca de la Puerta del Sol.

Por esas mismas fechas, Pereira fue contratado para esculpir un Neptuno destinado a la Fuente del Humilladero de San Francisco, en la Plaza de Puerta de Moros, donde fue instalado en el año 1640 para luego ser sustituido por un grupo escultórico de Endimión.

En 1776, en su Viage a España, Antonio Ponz informó del pésimo estado de conservación en el que se encontraba la Venus: “está tan destruida, que no se conoce lo que significa”. En 1848 Pascual Madoz también se refirió a la mutilación de la imagen.


Fotografía de Alfonso Begué (1864).

En 1864 Alfonso Begué fotografió la fuente, en lo que constituye la única instantánea que ha llegado hasta nosotros de la misma. En ella puede apreciarse el deterioro sufrido no solo por la estatua, sino también por los relieves escultóricos del cuerpo principal, algunos de ellos prácticamente desdibujados.

La fuente fue desmantelada en 1865, posiblemente en el mes de julio, cuando se tomó la decisión de ajardinar la Plaza de Santo Domingo, en la línea de otras actuaciones desarrolladas por el ayuntamiento en otras plazas de la villa. Aunque la intención inicial era cambiarla de enclave, ya que era un obstáculo para los nuevos jardines, nunca volvió a ser reconstruida.

En 1868 se aprobó la demolición del Convento de Santo Domingo el Real, que se haría efectiva un año después. Fue entonces cuando se llevó a cabo el ajardinamiento de la plaza, a partir de un proyecto del arquitecto municipal Félix María Gómez, que aprovechaba el solar del antiguo monasterio.


Plano de Pedro Teixeira (1656). La fuente está identificada con el número 34.

Agradecimiento especial

Nuestro sincero agradecimiento a José Luis de Saralegui Rodrigo, que ha compartido con nosotros sus pesquisas sobre la desaparición de la fuente. Gracias a ellas, hemos podido conocer cuándo fue desmantelada y por qué motivos.

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jueves, 10 de octubre de 2013

Ampliamos la información sobre la Fuente de los Leones

El artículo dedicado a las desaparecidas fuentes de la Villa y de los Leones ha sido ampliado con nuevos datos y una imagen ilustrativa, que nos permite conocer de primera mano qué apariencia tuvo esta última construcción.

Como ya se recoge en el citado reportaje, la Fuente de los Leones vino a sustituir a la primitiva fuente que Rutilio Gaci (1570-1634) diseñó para la Plaza de la Villa o del Salvador. Fue proyectada en 1754 por Juan Bautista Sachetti (1690-1764), uno de los arquitectos que intervinieron en el Palacio Real.

Más información en "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (7): Fuentes de la Villa y de los Leones".

lunes, 7 de octubre de 2013

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (7): Fuentes de la Villa y de los Leones

Recuperamos esta sección, dedicada a las siete fuentes artísticas que surgieron en el primer cuarto del siglo XVII, dentro de un plan que pretendía el embellecimiento de Madrid y del que, lamentablemente, no quedan más que unos cuantos restos diseminados.

Sus artífices fueron el arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora (1586-1648), que se responsabilizó de dos fontanas, y el escultor, arquitecto e ingeniero toscano Rutilio Gaci (1570-1634), que hizo otras cinco. Asimismo, se edificó una octava fuente, en la Plaza de Santo Domingo, que, pese a no pertenecer al citado plan, guardaba muchas similitudes estilísticas.

La fuente que ocupa nuestra atención fue proyectada por este último autor. Estuvo situada en la Plaza de la Villa o del Salvador, delante de la desaparecida iglesia del mismo nombre, donde era costumbre que se celebraran las juntas del Concejo de Madrid.

Con respecto a su topónimo, ha tenido varios a lo largo de la historia. En un primer momento fue conocida con los nombres de la plaza que le servía de asiento, esto es, Fuente de la Villa, del Salvador o de San Salvador. Pero, a partir del siglo XVIII, hubo una nueva construcción, que fue bautizada como Fuente de los Leones.


Plano de Pedro Texeira (detalle). Año 1656. 

Se sabe que en 1618 el consistorio madrileño adjudicó las obras de la fuente a Martín de Cortaire por 4.500 ducados y que tres años después dieron comienzo. Aunque Gaci fue quien hizo los planos, los escultores que la llevaron a cabo fueron Juan Porras y Antonio de Riera, que también intervino en la Fuente de la Fe, en la Puerta del Sol, donde estuvo colocada la popular Mariblanca.

La fuente tenía un marcado sentido escultórico, con un claro dominio de las formas curvas, que se aprovechaban para crear un espectacular juego de cascadas. El agua se deslizaba a través de una serie de tazas dispuestas en la parte superior, hasta llegar al pilón principal.


'Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa' (1676-1700). Anónimo. Museo de Historia.

Estaba decorada con numerosos motivos ornamentales, tales como escudos, cartelas y mascarones, además de un grupo escultórico, situado en lo más alto del conjunto. Éste consistía en una mujer vestida con ropas militares, con un escudo y un estandarte en una de sus manos, tal vez representando a la diosa Minerva.

Se trataba de una figura de pequeño tamaño, que llegó a Madrid en el año 1619, procedente de Italia. Fue una decisión de la Junta de Fuentes, dependiente del ayuntamiento, que pagó un total de 15.000 reales al mercader florentino Ludovico Tuchi por su importación.

En este encargo también estaban incluidas la Mariblanca de la Puerta del Sol y la Diana Cazadora de la Plaza de Puerta Cerrada (hoy día en la Fuente de la Cruz Verde). Lo más probable es que todas estas estatuas fueran hechas en el siglo XVI.


Detalle del cuadro anterior.

A juicio de Peter Cherry, la idea de un remate escultórico deriva de las fuentes florentinas de la época y, más en concreto, de la Fontana del Cortile, que, pese a su origen italiano, fue instalada en 1604 en el Palacio de la Ribera, la residencia veraniega que Felipe III tuvo en Valladolid.

Esta fuente estaba coronada con una soberbia escultura de Juan de Bolonia (1529-1608), conocida como Sansón dando muerte a los filisteos, que se conserva en la actualidad en Londres.


Dibujo de la Fontana del Cortile. Galería de los Oficios, Florencia.

A mediados del siglo XVIII, la Fuente de la Villa se encontraba muy deteriorada. En 1752 la Junta de Fuentes acordó su sustitución por una nueva, que fue encomendada a Juan Bautista Sachetti (1690-1764), uno de los arquitectos del Palacio Real, en su condición de de Maestro Mayor de Obras de la Villa y Corte.

Su ejecución corrió a cargo del cantero Pedro Fol, mientras que los grupos escultóricos fueron encomendados a Juan de León. La inauguración oficial tuvo lugar el día 22 de septiembre de 1754.

Conocemos la propuesta de Sachetti por dos fuentes documentales. Una de ellas es el libro Manual de Madrid (1833), de Mesonero Romanos, donde éste informa de la existencia de cuatro leones de piedra en la base, que dieron lugar al topónimo que ha llegado a nuestros días.

De sus bocas salían otros tantos surtidores, que arrojaban agua a un pilón situado a ras de suelo; sobre sus lomos se asentaba un castillete, en clara referencia a las armas del Reino de Castilla y León. El cronista también alude a la estatua que presidía el conjunto, aunque desconocemos si ésta era la misma de la fuente anterior o se hizo de nueva factura.

El segundo documento al que hemos aludido tiene aún más valor, ya que se trata del propio proyecto de Sachetti, que se conserva en el Archivo de la Villa. Según podemos ver en la imagen adjunta, se confirman todos los detalles que explicaba Mesonero, excepción hecha del número de leones que custodiaban el pedestal, que ahora quedan rebajados a tres.



A mediados del siglo XIX la fuente fue derribada, aunque su manantial siguió aprovechándose en una nueva fontana, que fue edificada en el desnivel existente entre la Plaza de Isabel II y la Calle de la Escalinata.

Esta construcción fue inaugurada en el año 1850. No duró mucho, ya que, por exigencias del tráfico, fue demolida en la primera década del siglo XX y reemplazada por la rampa que podemos ver hoy día.


Fuente de la Calle de la Escalinata. Foto de Alfonso Begué (1864).

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jueves, 17 de febrero de 2011

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (6): Endimión

De todo el patrimonio histórico-artístico destruido en Madrid, nos duele especialmente que hayan desaparecido las fuentes monumentales construidas durante los reinados de Felipe III (r. 1598-1621) y Felipe IV (r. 1621-1665), en lo que constituyó uno de los primeros planes de embellecimiento desarrollados en nuestra ciudad.

Fueron diseñadas por el arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora (1586-1648) y por el escultor toscano Rutilio Gaci (1570-1634). Por su parte, el mercader florentino Ludovico Turchi (1560-1627) jugó un papel clave, con su labor de compra-venta de esculturas, destinadas a decorar las fuentes.

Todas ellas fueron demolidas en el siglo XIX, aunque se conservan varias piezas aisladas, depositadas en diferentes museos o recicladas en otras fuentes. Éste es el caso de La Fuentecilla, en la Calle de Toledo, cuyo cuerpo principal perteneció a la Fuente de la Abundancia. O de la Fuente de la Cruz Verde, en la plaza homónima, adornada con la Diana Cazadora que estuvo en la Plaza de Puerta Cerrada.


La Fuente de Endimión se identifica en el plano de Pedro Texeira (1656) con el número 50.

La Fuente de Endimión, en concreto, se encontraba a la altura de la Plaza de la Puerta de Moros. También conocida como Fuente del Humilladero de San Francisco, sus primeras noticias datan de 1620, año en el que arrancaron los trabajos de nivelación y empedrado del terreno.

Su autor fue Rutilio Gaci, si bien su ejecución correspondió, en un primer momento, al maestro de cantería Martín de Gortayri, que años antes había levantado la Fuente de la Abundancia, según un proyecto de Gómez de Mora, firmado en 1617.

En 1635 la fuente todavía no había sido concluida. Por esa razón fue contratado un nuevo cantero, llamado Eugenio Montero, al que se le dieron 1.500 ducados a cambio de que acabase las obras en un plazo de seis meses. No debió cumplir el plazo acordado, ya que en 1638 el veedor de fuentes Cristóbal de Aguilera solicitó una nueva medición y tasación.

En sus más de dos siglos de existencia, la fuente ha tenido dos coronaciones. La primera de ellas, una escultura de Neptuno portando el tridente con un tritón a sus pies, fue contratada en 1637 al artista portugués Manuel Pereira (1588-1683) y colocada tres años después.

Estatua original de Endimión. Museo de Historia. Fuente de la imagen: 'Arte y diplomacia de la monarquía hispánica en el siglo XVII', de José Luis Colomer, año 2003.

Posteriormente, en fecha desconocida, fue sustituida por una estatua de un varón desnudo, que suele identificarse con Endimión, un cazador de Asia Menor, que recibió de Zeus la bendición del sueño eterno, para corresponder al amor de Selene, la diosa de la Luna.

Poco se sabe del origen de esta pieza, aunque, dada su factura, se cree que pudo ser hecha en Italia en el siglo XVI y que llegó a Madrid de la mano del citado comerciante Ludovico Turchi.

Mide apenas 135 centímetros de alto y presenta diferentes niveles de relieve en la parte delantera y en la trasera, ésta última mucho más plana. Ello hace pensar que fue concebida para ser vista únicamente de frente y que tal vez iba a ocupar el interior de una hornacina.

A mediados del siglo XIX, se tomó la decisión de derribar la Fuente de Endimión. La escultura consiguió salvarse de la piqueta y, en 1850, fue llevada al barrio de Lavapiés, para decorar una fuente de nueva construcción, obra del arquitecto Martín López Aguado (1796-1866), que también ha desaparecido.


Fuente de Lavapiés. 'La Ilustración' (1850).

Según la descripción de Felipe Monlau, realizada ese mismo año, la nueva fuente disponía de "cuatro caños, treinta y cinco aguadores y treinta reales de agua del viaje del Abroñigal Bajo" y lucía "la linda estatua del pastor Endimión que había antes en la Fuente de la Puerta de Moros".


La Fuente de Lavapiés en una fotografía de Alfonso Begué (1864). 

En la actualidad, la escultura de Endimión forma parte de la colección del Museo de Historia (antes, Museo Municipal), donde también se encuentra una figura femenina de aire clasicista, que muchos identifican con la Abundancia que presidió la antigua fuente del mismo nombre, en la Plaza de la Cebada.


La Fuente de Lavapiés en el último tercio del siglo XIX.

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La serie "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas" consta de estos otros reportajes:
- Introducción
- Fuente de Orfeo
- Fuente de Diana
- Fuente de la Fe o de las Arpías (la Mariblanca)
- Fuente de la Abundancia
- Fuentes de la Villa y de los Leones
Fuente de Santo Domingo

miércoles, 9 de junio de 2010

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (5): la Abundancia



Seguimos buscando los restos de las primeras fuentes barrocas que se levantaron en Madrid. Fueron proyectadas entre 1617 y 1618, en el contexto de un plan de ornamentación de la ciudad, promovido por el consistorio. De esta iniciativa surgieron siete fuentes artísticas, además de una octava, que, si bien quedó fuera del citado plan, presentaba muchas similitudes estilísticas con aquellas.

La Fuente de la Abundancia, en concreto, estuvo ubicada en la Plaza de la Cebada, razón por la cual también era conocida con este topónimo. De ella se conservan varios elementos arquitectónicos y diversos escudos de armas, que se salvaron de la demolición que tuvo lugar en el siglo XIX, para ser integrados en una nueva estructura.

Ahora forman parte de la Fuentecilla, una fuente de porte monumental, situada en la Calle de Toledo, que fue realizada en el año 1815, como homenaje al rey Fernando VII. También ha llegado hasta nosotros una escultura de una mujer con un niño, que algunos investigadores identifican con la Abundancia, la figura que dio nombre a la fuente.

Historia y descripción

La Fuente de la Abundancia fue diseñada en 1617 por el arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora, a quien también se debe la Fuente de Orfeo, en la Plaza de la Provincia, concebida prácticamente al mismo tiempo. Su ejecución corrió a cargo del alarife Pedro Pedrosa y del maestro de cantería Martín de Gortayri.


La feria de Madrid en la Plaza de la Cebada', por Manuel de la Cruz Cano y Olmedilla (1770-90).

Haciendo honor a su oficio, Gómez de Mora optó por una solución más arquitectónica que escultórica, en la que son claras las influencias herrerianas, aunque con alguna que otra concesión a las incipientes corrientes barrocas del momento.

La fuente estaba formada por un templete de planta cuadrangular, de aire clasicista. Éste se encontraba coronado, en cada uno de sus cuatro flancos, por un frontón triangular y, en la parte superior, por una cúpula, sobre la que descansaba el grupo escultórico de la Abundancia.

En cuanto a los ornatos, los frontales estaban decorados con blasones, alusivos a la Villa de Madrid y a la Corona. Pero lo que más llamaba la atención era la oquedad abierta transversalmente en la mitad del cuerpo principal, en la que se alojaban cuatro osos, que arrojaban agua, en clara referencia a uno de los símbolos de la capital.

La construcción que finalmente se llevó a cabo introdujo significativas modificaciones sobre el diseño inicial. Como puede verse en el dibujo que se incluye más abajo, realizado por Juan Gómez de Mora en 1617, la estructura que se tenía previsto edificar era mucho más esbelta, al descansar el templete sobre un punto de apoyo más estrecho, en el que había mascarones, en lugar de los escudos de armas posteriormente labrados.


Dibujo de la Fuente de la Cebada, de Juan Gómez de Mora, que se encuentra en el Museo de Historia de Madrid (fuente de la imagen: 'Arte y diplomacia de la monarquía hispánica en el siglo XVII', de José Luis Colomer, año 2003). 

Con respecto a la coronación, la primera idea que barajó Gómez de Mora fue rematar el conjunto con un pequeño obelisco, pero al final se colocó en la parte más alta la estatua de la Abundancia, que el consistorio madrileño compró al mercader Ludovico Turchi, en 1617. Representaba a una mujer de pie, con un niño a su lado derecho.

No se sabe muy bien cuál es el paradero de esta escultura, tras la destrucción de la fuente a principios del siglo XIX. Aunque no hay confirmación al respecto, diferentes autores sostienen que la figura de alabastro que se reproduce a continuación, perteneciente a la colección del Museo de Historia de Madrid (antiguo Museo Municipal), es la Abundancia que adquirió Turchi en Italia.


Posible escultura de la Abundancia, conservada en el Museo de Historia de Madrid (fuente de la imagen: 'Arte y diplomacia de la monarquía hispánica en el siglo XVII', de José Luis Colomer, año 2003).

Cerca del lugar donde estuvo enclavada esta obra barroca, se alza en la actualidad una fuente de hierro fundido, formada por un vaso circular y un fuste, del que cuelgan ocho surtidores. Fue inaugurada en 1999, en el ensanche que se forma en la Calle de Toledo en su contacto con la Plaza de la Cebada.

Más allá de compartir el nombre de Fuente de la Cebada, esta moderna construcción nada tiene que ver con la primitiva estructura ideada por Gómez de Mora. Y sí mucho con un estándar arquitectónico muy utilizado en la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del siglo XX, cuando se popularizó la arquitectura de hierro.

Hubo fuentes de esta tipología en la Plaza de la Encarnación, en la Fuente del Berro y en la Plaza del Conde Toreno -en la confluencia de las calles de San Bernardino y Amaniel-. Pero ya hablaremos de ello en otro momento.


Fuente de hierro, llamada de la Cebada, que fue instalada en 1999 en las inmediaciones del lugar donde estuvo la Fuente de la Abundancia.

La Fuentecilla

La Fuentecilla fue realizada, en parte, con materiales procedentes de distintas edificaciones. Es el caso de su cuerpo prismático de granito, aprovechado casi por entero de la Fuente de la Abundancia.

De ella también se tomaron prestados los frontones triangulares y algunos escudos de armas de la Villa de Madrid, tal y como puede apreciarse en la siguiente imagen comparativa.


















En la parte superior de la fuente, hay instalado un grupo escultórico, que representa a un león con dos globos terráqueos, en referencia a las posesiones de ultramar de España. La figura del animal fue rescatada del Convento de los Premostrantenses, desaparecido durante la invasión napoleónica.

En cambio, las esculturas del dragón y del oso, situadas en el frontal que da a la Calle de Toledo, se hicieron específicamente para la Fuentecilla. Se deben al escultor Francisco Meana y aluden a los escudos antiguo y moderno de Madrid.

Aunque cumple la función de fuente pública, la Fuentecilla se erigió en realidad como un monumento conmemorativo, para celebrar la restitución de Fernando VII, una vez concluida la Guerra de la Independencia.

La vecina Puerta de Toledo también fue levantada con idéntica finalidad. Ambas construcciones son obra del arquitecto municipal Antonio López Aguado (1764-1831), quien las proyectó en 1815 y en 1813, respectivamente.

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La serie "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas" consta de estos otros reportajes:
- Introducción
- Fuente de Orfeo
- Fuente de Diana
- Fuente de la Fe o de las Arpías (la Mariblanca)
- Fuente de Endimión
Fuentes de la Villa y de los Leones
Fuente de Santo Domingo

domingo, 23 de mayo de 2010

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (4): la Mariblanca


Estatua original de la Mariblanca, en la Casa de la Villa (fuente de la imagen: 'Arte y diplomacia de la monarquía hispánica en el siglo XVII', de José Luis Colomer, año 2003).

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas madrileñas, llegamos hasta la Casa de la Villa. Aquí se encuentra la escultura original de la Mariblanca, nombre popular con el que se designa a la pequeña Venus de mármol blanco que estuvo en lo alto de la Fuente de la Fe o de las Arpías, en plena Puerta del Sol, junto a la desaparecida Iglesia del Buen Suceso.

La historia de esta construcción -particularmente, la de la estatua a la que nos estamos refiriendo- es tan azarosa y complicada que cuesta seguirle la pista.

Hubo una primera fuente, que fue diseñada por Rutilio Gaci en 1618 y realizada en 1625 por el escultor catalán Antonio de Riera, en colaboración con Francisco del Río, Guillem de Bona y Martín de Azpillaga. Los maestros fontaneros fueron Sebastián de la Oliva y Juan del Río, el Viejo.

Según la documentación de la época, la fuente constaba de cuatro caños (colocados sobre figuras de arpías que arrojaban agua por los pechos, todo ello en bronce dorado), doce mascarones, cuatro pies y cuatro pirámides para asiento y remate de otras tantas bolas.

Tenemos constancia gráfica de este conjunto artístico gracias a un dibujo de 1707, realizado por Juan Álvarez de Colmenar, que lleva por título La Fontaine et la Place du Soleil à Madrit.



Con respecto a la Mariblanca, ésta fue comprada en Italia por el mercader florentino Ludovico Turchi, a partir de un encargo de 1619 de la Junta de Fuentes, un organismo dependiente del ayuntamiento madrileño, que abonó la cantidad de 15.000 reales por ésta y otras esculturas mitológicas, adquiridas para ornado de la capital.

La estatua llegó a Madrid decapitada, debido al trasiego del viaje, razón por la cual Turchi descontó 100 reales al carretero que la transportó, llamado Domingo Núñez. Permaneció varios años almacenada, hasta que, en 1625, cuando estuvo terminada la fuente, pudo ser colocada en su parte superior.

Aunque se trata de una imagen de Venus, la figura fue identificada erróneamente con una representación de la Fe. De ahí que la fontana fuera conocida tanto con este nombre como con el de las Arpías, en alusión a los grupos escultóricos antes señalados. En cualquier caso, el topónimo que finalmente se impuso fue el popular de Fuente de la Mariblanca.


En 1727 la fuente fue objeto de un nuevo diseño, que corrió a cargo de Pedro de Ribera, según podemos ver en la litografía superior, fechada en 1833. 

Si bien el arquitecto madrileño aprovechó elementos constructivos anteriores, rehizo completamente el trabajo de Gaci, con una composición más esbelta y baja, además de una nueva decoración, que supuso la sustitución de las arpías por tritones.

Este cambio no significó la destrucción de la figura de la Mariblanca, que, muy al contrario, volvió a ser colocada en la coronación de la nueva estructura, dado el enorme apego que sentían por ella los madrileños.

En el siguiente grabado, anterior al año 1820, podemos ver otra vez la fuente concebida por Ribera, aunque torpemente dibujada.



En 1838 se procedió a la demolición de la fuente, según dicen por su mal estado, aunque la Mariblanca consiguió nuevamente salvarse. La estatua fue trasladada a la Plaza de las Descalzas Reales, donde fue colocada en otra fuente pública, aunque mucho menos artística que las anteriores.


Fotografía de 1864 de Alfonso Begué, con la Mariblanca en lo alto de la Fuente de las Descalzas Reales.

La Fuente de las Descalzas Reales desapareció en 1892. Una vez más la piqueta se apiadó de la Mariblanca, que fue llevada a los depósitos municipales. Aquí estuvo algo más de dos décadas, hasta que, en 1914, se decidió instalarla en el Parque de El Retiro y, posteriormente, en el Museo Municipal.


La Mariblanca, en su antiguo emplazamiento del Paseo de Recoletos.

En 1969 fue colocada en el Paseo de Recoletos, en el estanque de planta rectangular existente al inicio de la vía. Este lugar pudo convertirse en su tumba, pues allí sufrió una terrible agresión, que la seccionó en varias partes. Corría el año 1984.

Convenientemente restaurada, encontró refugio en el zaguán principal de la Casa de la Villa y allí sigue escondida, casi sin posibilidad de ser contemplada. Paralelamente, se hicieron dos réplicas, de menor tamaño que la estatua original, para su exhibición pública.

Una de ellas preside actualmente el ángulo noroccidental de la Puerta del Sol. Fue hecha en 1986, durante la reforma llevada a cabo en la plaza, a instancias del por entonces alcalde Enrique Tierno Galván.


Primera ubicación de la réplica de la Mariblanca, en el solar donde estuvo la Iglesia del Buen Suceso.

Dicha copia estuvo ubicada en un primer momento en la confluencia de la Calle de Alcalá y de la Carrera de San Jerónimo, cerca del que fue su emplazamiento primitivo. Pero con la última remodelación de la Puerta del Sol, concluida en 2009, fue trasladada al otro extremo de la plaza, en la embocadura de la Calle del Arenal.

La otra réplica fue destinada al Museo de la Ciudad, en la Calle del Príncipe de Vergara. Con la clausura de esta institución en 2012 y el reparto de su colección por diferentes puntos de la ciudad, fue llevada al Museo de Historia, en la Calle de Fuencarral, donde se exhibe desde 2014, año en el que el citado museo fue reabierto tras una larga remodelación.


Copia de la Mariblanca, en su enclave actual, junto a la Calle del Arenal.

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La serie "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas" consta de estos otros reportajes:
- Introducción
- Fuente de Orfeo
- Fuente de Diana
- Fuente de la Abundancia
- Fuente de Endimión
Fuentes de la Villa y de los Leones
Fuente de Santo Domingo

viernes, 21 de mayo de 2010

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (3): Diana

Nos dirigimos hacia la Fuente de la Cruz Verde, situada en la plaza del mismo nombre, muy cerca del viaducto, donde nos encontramos con unas pequeñas estatuas, en las que se representan dos pequeños delfines, en piedra de caliza, y a Diana Cazadora, en mármol blanco.

Se trata de los únicos vestigios que se conservan de la desaparecida Fuente de Puerta Cerrada, llamada también de Diana o de los Cartelones, que, desde 1620 hasta 1849, estuvo enclavada en la confluencia de las calles de San Justo y de Segovia, donde tenía su inicio uno de los viajes de agua medievales de la villa.


La Fuente de Puerta Cerrada, junto a la fachada del Palacio Arzobispal. Al fondo, la popular cruz de piedra que define a la plaza.

Esta fuente fue proyectada por el ingeniero, arquitecto y escultor toscano Rutilio Gaci, si bien su ejecución correspondió al escultor Antonio de Riera y al maestro cantero Juan de Chapitel, a quienes también se deben las fuentes de la Puerta del Sol y de la Plaza de la Villa (el primero) y la de la Plaza de la Provincia (el segundo).

Estaba integrada por un cuerpo cilíndrico, alrededor del cual se disponían cuatro conchas. En la parte superior, se elevaba la citada escultura de Diana, diosa romana de la caza, ataviada con túnica corta y acompañada de un perro, en lugar del característico ciervo, con el que tradicionalmente se ha representado a esta divinidad clásica. La imagen fue adquirida en 1619 por Ludovico Turchi.

Hemos de entender que se encontraba profusamente adornada, en la línea de las otras fuentes diseñadas por Gaci, algo que no podemos apreciar en el dibujo incluido más arriba, que corresponde a una fecha posterior a la restauración de 1793. Ésta fue llevada a cabo por Juan de Villanueva, quien, debido al delicado estado en el que se encontraba, modificó en parte su fisonomía original. 

En el año 1849 se tomó la decisión de desmantelarla, en el contexto de una intensa campaña periodística en la que se cuestionaba la figura de los aguadores, debido al bullicio de su oficio.

El Ayuntamiento de Madrid, haciéndose eco de estas críticas, procedió al derribo de las viejas fuentes barrocas del siglo XVII, aunque también se optó por un cambio de localización del suministro de agua, a lugares más o menos alejados, donde la actividad de los aguadores no provocase grandes molestias.

Este último caso es el de la fuente que ocupa nuestra atención, cuyo manantial fue trasladado a la Plaza de la Cruz Verde, que por entonces estaba prácticamente en la salida de la ciudad.

La nueva fuente fue edificada con materiales de derribo, a partir de un diseño de Martín López Aguado, arquitecto y fontanero mayor de Madrid, quien ideó una solución mural, aprovechando el terraplén artificial del antiguo huerto del Convento del Sacramento. Se inauguró en 1850.


Fotografía de Diego González Ragel (1893-1951), donde se ven la Plaza de la Cruz Verde y la fuente mural del mismo nombre, en la primera mitad del siglo XX.


Detalle del grupo escultórico de la Fuente de la Cruz Verde, procedente de la desaparecida Fuente de Puerta Cerrada.

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La serie "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas" consta de estos otros reportajes:
- Introducción
- Fuente de Orfeo
- Fuente de la Fe o de las Arpías (la Mariblanca)
Fuente de la Abundancia
- Fuente de Endimión
Fuentes de la Villa y de los Leones
Fuente de Santo Domingo

miércoles, 19 de mayo de 2010

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (2): Orfeo

Visitamos el Museo Arqueológico Nacional, lugar en el que se guarda la estatua de Orfeo, hecha en mármol blanco. Es el único vestigio que se conserva de la fuente barroca que presidió la Plaza de la Provincia durante más de dos siglos y medio.

La primitiva Fuente de Orfeo, antes de su desaparición en 1869.

La fuente fue inaugurada en 1618, tan sólo un año después de que Juan Gómez de Mora la diseñase y once años antes de que este mismo arquitecto comenzase la construcción de la Cárcel de Corte, a pocos metros del emplazamiento de la fuente.

Su realización fue contratada a Gaspar Ordóñez, quien, a su vez, traspasó el encargo a los maestros de obras Juan de Chapitel y Martín de Azpillaga.

Siguiendo el modelo imperante en la época, constaba de tres piezas fundamentales: un pilón, un cuerpo principal y una estatua (la de Orfeo) en la coronación. Gómez de Mora ideó una solución más arquitectónica que escultórica, a modo de gran pedestal, lo que hace pensar que la citada imagen ya existía antes del proyecto.

Orfeo, hijo de Apolo y de la musa Calíope, intentó rescatar a su enamorada Eurídice de entre los muertos, tocando un instrumento musical. Con ello consiguió dormir al perro Cancerbero, vigilante del inframundo, que aparece esculpido a sus pies. Aunque se le suele representar con una lira, en el grupo escultórico que nos ocupa aparece con un violín o una viola.

La figura del perro alcanzó una gran popularidad entre los madrileños e incluso inspiró los siguientes versos, que hay que entender en clave irónica, por hallarse la estatua justo enfrente de la Cárcel de la Corte: "con el tiempo, con el trato y las malas compañías, dentro de muy pocos días, ese perro será gato". 


'Vue de la Prison des Grands Seigneurs à Madrid'. Juan Álvarez de Colmenar (1707).

En 1782 el pilón original de la fuente fue sustituido por otro más ancho y de planta ochavada. En 1869 el ayuntamiento tomó la decisión de derribar todo el conjunto, excepción hecha de Orfeo, que se salvó de la piqueta, a pesar de encontrarse mutilado.

A finales del siglo XX, se hizo una reproducción de la vieja fuente, a partir de la observación y análisis de documentos históricos. Esta réplica fue colocada en 1998 en uno de los laterales de la Plaza de la Provincia, mirando hacia la antigua Cárcel de Corte, el actual Ministerio de Asuntos Exteriores, contrariamente a su disposición primitiva -de espaldas a este edificio-.

Ninguno de sus componentes son los originales, ni siquiera el Orfeo que remata la estructura, cuyo original forma parte de la colección del Museo Arqueológico Nacional, en la Calle de Serrano, aunque con visibles signos de deterioro, como puede comprobarse en una imagen inferior.

Reproducción contemporánea del Orfeo que presidió la fuente primitiva.

Estado actual de la estatua original de Orfeo, que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional. Como puede apreciarse, se encuentra mutilada y prácticamente ha desaparecido el perro que le acompañaba (fuente de la imagen: 'Arte y diplomacia de la monarquía hispánica en el siglo XVII', de José Luis Colomer, año 2003).

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La serie "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas" consta de estos otros reportajes:
- Introducción
- Fuente de Diana
- Fuente de la Fe o de las Arpías (la Mariblanca)
- Fuente de la Abundancia
- Fuente de Endimión
Fuentes de la Villa y de los Leones
- Fuente de Santo Domingo

martes, 18 de mayo de 2010

Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas (1): introducción

En el primer cuarto del siglo XVII, Madrid fue adornada con distintos elementos urbanos de porte monumental, hechos con materiales suntuosos como el mármol o el bronce. Existía el deseo de que la recién estrenada capital de España tuviera una apariencia digna de tal rango y, para ello, se siguió la línea ornamental de otras ciudades europeas.


Madrid en 1656. Versión coloreada del plano de Pedro Teixeira.

Una de las vías utilizadas para el embellecimiento de las calles fueron las fuentes públicas. En apenas dos años, entre 1617 y 1618, fueron proyectadas siete fuentes artísticas, todas ellas inspiradas en temas mitológicos.

El arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora (1586-1648) se responsabilizó de las fuentes de las plazas de la Provincia y de la Cebada, las dos primeras que vieron la luz dentro del citado plan urbanístico. Fueron diseñadas en 1617 y terminadas en un plazo relativamente corto.

Un año después, el escultor toscano Rutilio Gaci (1570-1634) proyectó las otras cinco, si bien su ejecución se demoró hasta las postrimerías del reinado de Felipe III (r. 1598-1621) e, incluso, a la llegada del rey Felipe IV (r. 1621-1665). Junto a él, colaboraron maestros españoles como Francisco del Valle, Antonio de Riera y Francisco del Río.

Estas cinco fuentes, tal vez las más innovadoras desde el punto de vista creativo, fueron colocadas en las plazas de las Descalzas Reales, del Salvador (o de la Villa), de la Puerta Cerrada, de la Puerta de Moros y de la Puerta del Sol.

Posteriormente fue levantada una octava fuente en la Plaza de Santo Domingo, que, a pesar de no pertenecer al plan de embellecimiento al que nos hemos referido, guardaba muchas similitudes estilísticas con las concebidas por Rutilio Gaci.

Un elemento común era la presencia de un remate escultórico, generalmente de carácter mitológico. Para ello fue clave la actuación del mercader florentino Ludovico Turchi (1560-1627), quien vendió al consistorio madrileño varias esculturas que él había adquirido previamente en Italia.

De todo este fascinante conjunto no queda casi nada, al margen de unos cuantos vestigios diseminados por diversos puntos de Madrid, correspondientes a cinco fuentes. Seguimos su pista a través de la serie de reportajes "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas".

Fuentes de las que se conservan restos

Fuente de Orfeo. La escultura original de Orfeo forma parte de la colección del Museo Arqueológico Nacional. Es el único resto que ha llegado a nuestros días de la primitiva fuente de la Plaza de la Provincia, diseñada por Gómez de Mora en 1617. En 1998 se hizo una reproducción de la fuente, ubicada junto a uno de los soportales de la plaza.

Fuente de Diana. Fue diseñada por Rutilio Gaci e instalada en la Plaza de Puerta Cerrada. Se conserva el grupo escultórico de Diana Cazadora y dos delfines, integrados en el frontal de la decimonónica Fuente de la Cruz Verde, en la plaza del mismo nombre.

Fuente de la Fe o de las Arpías (la Mariblanca). Situada en la Puerta del Sol, fue proyectada en 1618 por Rutilio Gaci. En 1727 Pedro de Ribera hizo una nueva fuente, que aprovechaba elementos de la estructura anterior. El único vestigio que ha llegado hasta nosotros es la estatua de la Mariblanca, que estuvo presidiendo las dos construcciones. La figura original se encuentra en la Casa de la Villa, mientras que en la Puerta del Sol y en el Museo de Historia se exhiben sendas copias del siglo XX.

Fuente de la Abundancia. Esta obra de Gómez de Mora estuvo en la Plaza de la Cebada hasta principios del siglo XIX, cuando fue derribada. Algunos elementos arquitectónicos se salvaron y fueron reutilizados en La Fuentecilla, un monumento levantado en 1815 en honor de Fernando VII. Existe una escultura en el Museo de Historia, que algunos autores identifican con la imagen de la Abundancia, que decoró la parte superior de la fuente.

Fuente de Endimión. Proyectada por Rutilio Gaci, estuvo instalada en la Carrera de San Francisco, a la altura de la Plaza de la Puerta de Moros, hasta mediados del siglo XIX. Alojó dos grupos escultóricos, un Neptuno realizado por Manuel Pereira, del que no hay rastro alguno; y una estatua de Endimión, que fue llevada en 1850 a la Fuente de Lavapiés, que también ha desaparecido. La escultura se salvó de la piqueta y se conserva en el Museo de Historia.


De derecha a izquierda: Endimión, Diana Cazadora, la Mariblanca, Orfeo y, posiblemente, la Abundancia.

Fuentes de las que no se conservan restos

Fuentes de la Villa y de los Leones. La Fuente de la Villa, una de las creaciones más logradas de Rutilio Gaci, se encontraba en la plaza homónima. En el siglo XVIII fue sustituida por otra construcción, llamada de los Leones, por las figuras sobre las que se asentaba.

Fuente de la Plaza de Santo Domingo. Fue edificada entre 1635 y 1636 por el maestro cantero Miguel Collado, frente al desaparecido Convento de Santo Domingo el Real. Estuvo coronada con una estatua de la diosa Venus, limpiada y restaurada por Manuel Pereira.

Fuente de las Descalzas Reales. De esta obra de Rutilio Gaci apenas existe documentación.