jueves, 25 de marzo de 2010

La Fuente del Lozoya y las alegorías de ríos



Como muchas otras capitales europeas, Madrid cuenta con diferentes grupos escultóricos en los que se representan ríos, generalmente personificados por medio de una figura masculina.

Se trata de una tradición que se remonta a los tiempos finales de la cultura helénica y que se ha mantenido a lo largo de los siglos, desde el periodo romano hasta el romanticismo, con ejemplos tan impresionantes como la Fuente de los Cuatro Ríos (1651), de Bernini, que decora la Piazza Navona, de Roma.

Las alegorías de ríos de nuestra ciudad son muy posteriores, concretamente de mediados del siglo XIX. A esta época corresponden las fuentes alusivas a los ríos Manzanares y Jarama, integradas dentro del Monumento a Felipe IV, de las que ya hablamos en un artículo anterior. Y también la dedicada al Lozoya, el principal abastecedor de agua de la Comunidad de Madrid, a la que nos referimos a continuación.

Existe una cuarta alegoría de río en Madrid, conocida como la Dama del Manzanares, pero, por su concepto y fecha de realización (año 2003), queda completamente al margen de la tradición grecorromana a la que aludimos.

Una fuente en honor del río que nos da de beber



La Fuente del Lozoya se levanta en la transitada Calle de Bravo Murillo, número 49, en pleno corazón del Barrio de Vallehermoso. Se encuentra adosada a uno de los muros del Primer Depósito del Canal de Isabel II (antiguo Campo de Guardias), que fue construido entre 1853 y 1859, en el contexto de las obras desarrolladas para traer el agua desde el citado río hasta la capital.

Esta infraestructura hidráulica, actualmente inutilizada, fue proyectada por el ingeniero Juan de Ribera Piferrer, siguiendo el modelo de las cisternas romanas. En su enorme planta rectangular, de 125 metros de largo y 86 metros de ancho, se suceden nada menos que 484 pilares, distribuidos en dos vasos contiguos, que permiten almacenar hasta 58.540 metros cúbicos de agua.

Pero centrémonos en la fuente, el único elemento ornamental presente en este complejo claramente funcional, que preside su fachada principal. Se trata de una fuente muraria, que recurre a pautas clasicistas, con un toque romántico, en la línea, y salvando las distancias, de la majestuosa Fontana de Trevi (1732-1762), de Roma.

Como ésta, posee un aire muy escenográfico. Planteada como un gran escenario en plena calle, presenta fábrica de ladrillo visto en los paños, de granito en los elementos estructurales y de caliza en los decorativos. Está estructurada en tres cuerpos principales, separados por cuatro grupos de pilastras corintias, que se disponen pareadas.

El central está integrado por una hornacina de cuarto de esfera, concebida a modo de arco triunfal. Las similitudes con la Fontana de Trevi son muy evidentes, no sólo en lo que respecta a su configuración, sino también al grupo escultórico de su interior, consistente en una figura masculina, cuya actitud e inclinación de cabeza recuerdan al Neptuno que decora la fuente romana.

Esta escultura se debe a Sabino de Medina (1814-1879), que, por entonces, ostentaba el puesto de Escultor de la Villa. Se trata de una alegoría del río Lozoya, personificado en un esbelto joven, que pisa con uno de sus pies una vasija, asentada sobre un conjunto de rocas, que dan forma a una cascada (de nuevo se observa la influencia de la Fontana de Trevi).

Tal planteamiento se aparta de la tradición clásica, que, muy marcada por la estatua del Nilo conservada en los Museos Vaticanos, casi siempre ha representado a los ríos mediante un anciano barbado, reclinado sobre el costado. Sin ir más lejos, las alegorías del Manzanares y Jarama del Monumento a Felipe IV, de la Plaza de Oriente, siguen este modelo.

Cada uno de los dos cuerpos laterales está formado por dos cavidades, una cuadrangular, donde se aloja un escudo, y otra rectangular, con un grupo escultórico. El situado en el lado meridional es una alegoría de la Agricultura, obra de Andrés Rodríguez, mientras que, en el flanco septentrional, se levanta la Industria, realizada por José Pagnucci.

El conjunto queda rematado en la parte superior por una cornisa corrida. A sus pies se asienta un pilón de planta semicircular, que recoge las aguas que vierte la cascada. Fue limpiado en 1992 y restaurado en el año 2000.



A pesar de su interés arquitectónico y escultórico, no es posible acceder a la fuente, por encontrarse cercada mediante una verja de hierro forjado, que también limita su visibilidad. Y, al igual que otras fuentes de la ciudad, como la de las Conchas o de los Tritones, situadas en el Campo del Moro, siempre está apagada.

Artículos relacionados: Monumentos dedicados al Manzanares

martes, 23 de marzo de 2010

Empeora el estado de la muralla de la Calle del Almendro



Hace unos cuantos meses, el blog Arte en Madrid publicaba el magnífico artículo Un paseo en busca de la muralla cristiana, donde se hacía un recorrido por los restos de la fortificación que aún se mantienen en pie.

Entre ellos, los que se conservan en el número 17 de la Calle del Almendro, a los que Mercedes Gómez, la autora del reportaje, se refería en los siguientes términos: "tras la verja de un pequeño jardín, hallamos un lienzo de 16 metros de largo, que siempre da la impresión de que necesitaría más cuidados".

Tras visitar recientemente estos vestigios, creemos que ya no hay que hablar solamente de cuidados, como sugería Mercedes con todo el sentido, sino de una completa restauración y consolidación.

Como puede observarse en las fotografías, nos da la sensación de que ha aumentado sensiblemente el número de piedras desprendidas, tal vez como consecuencia de las inclemencias de este invierno, mucho más húmedo que otros.

El aspecto actual de las ruinas resulta bastante inquietante. Esperemos que las autoridades municipales sean conscientes de este hecho y tomen medidas, antes de que sea demasiado tarde.

Tal día como hoy nacía Juan Gris



Hoy se cumplen 123 años del nacimiento del pintor madrileño José Victoriano Gónzalez Pérez (1887-1927), conocido universalmente como Juan Gris, uno de los grandes maestros del cubismo.

Vio la luz un 23 de marzo en esta casa de la Calle del Carmen, número 4, tal y como recuerda una placa conmemorativa, instalada en el año 1986. Era el decimotercero de los hijos del matrimonio formado por Gregorio González Rodríguez, un próspero comerciante vallisoletano, e Isabel Pérez Brasategui, de origen malagueño.



Definido por Picasso como "el pintor que sabía lo que hacía" y por Apollinaire como el artista de las "formas materialmente puras, que se contenta con la pureza concebida científicamente", él mismo da cuenta de su estilo en los siguientes términos:

"Yo trabajo con los elementos del espíritu, con la imaginación, intento concretar lo que es abstracto. Voy de lo general a lo particular, lo que significa que parto de una abstracción para llegar a un hecho real. Mi arte es un arte de síntesis, un arte deductivo".

"Considero que el lado arquitectónico de la pintura es la matemática, el lado abstracto; quiero humanizarlo".

"Cézanne, de una botella hace un cilindro. Yo parto del cilindro para crear un individuo de un tipo especial, de un cilindro hago una botella, una cierta botella".

"Un cuadro sin intención representativa sería, a mi modo de ver, un estudio técnico siempre inacabado, pues su único límite es su resultado representativo".

"Una pintura que no es más que la fiel copia de un objeto no sería tampoco un cuadro, porque incluso suponiendo que ella completa las condiciones de la arquitectura coloreada, carecería de estética, es decir, de elección en los elementos de la realidad que expresa. No sería más que la copia de un objeto y jamás un tema".


'La fenêtre ouverte (La ventana abierta)', obra de Juan Gris, pintada en 1921. Museo Nacional Reina Sofía, Madrid.

domingo, 21 de marzo de 2010

Últimos ensayos de los costaleros



Llevan preparándose desde hace meses. Un sábado más, los costaleros de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena han vuelto a reunirse en el entorno de la Plaza del Conde de Barajas, junto al Arco de Cuchilleros, para ensayar los movimientos del desfile procesional del ya inminente Jueves Santo.

Se trata de una de las más bellas procesiones de la Semana Santa madrileña, aunque claramente inspirada en la tradición andaluza. De hecho, los dos pasos de los que consta son réplicas exactas de los existentes en Sevilla. El Cristo salió por primera vez en 1946 y, dos años más tarde, procesionó la Virgen. Desde entonces salen juntos en la noche y madrugada del Jueves Santo.

sábado, 20 de marzo de 2010

La Quinta de los Molinos ya ha despertado



Los almendros de la Quinta de los Molinos ya están en flor. Este año la floración se ha retrasado hasta la segunda quincena de marzo, cuando lo habitual es que se produzca a mediados o a finales de febrero. Pero la espera ha merecido la pena: ahí están en todo su esplendor, ofreciendo uno de los mayores espectáculos de la primavera madrileña.



La Quinta de los Molinos es un bello ejemplo de parque de recreo agrícola, concebido y desarrollado en el primer tercio del siglo XX, siguiendo el modelo ilustrado. En él se integran cultivos frutícolas, como el almendro o el olivo, y especies vegetales típicas de los jardines, como el olmo, el plátano o el ciprés, distribuidos en grandes paseos de tierra.



Este parque agrícola fue concebido y desarrollado por el arquitecto y urbanista César Cort, quien, en 1920, adquirió la propiedad de la finca. En 1925 se hizo construir un palacete de estilo racionalista, que convirtió en su vivienda, y la llamada Casa del Reloj, que utilizó como residencia de verano.

Tras su muerte en 1978, sus herederos firmaron con el Ayuntamiento de Madrid un convenio de cesión de tres cuartas partes de la finca, aproximadamente 25 hectáreas, a cambio de poder urbanizar el resto, alrededor de cuatro hectáreas.



El resultado de aquella operación es que, desde 1980, los madrileños podemos disfrutar de un espacio rural dentro de la vorágine de la gran ciudad y de un pedacito del Mediterráneo en plena meseta castellana.

Todo un privilegio, gracias al cual, al final de cada invierno, tenemos ocasión de contemplar la grandiosa función de la floración de los almendros. Pero, atención, no falta mucho para que dé comienzo otra, tan hermosa como aquella. La de las lilas.

jueves, 18 de marzo de 2010

La Fuente de los Caños Viejos

En la Calle de Segovia, junto al Viaducto, se exhibe el escudo en piedra más antiguo de Madrid, adosado a un moderno edificio del año 1990. Se trata del único vestigio que se conserva de la desaparecida Fuente de los Caños Viejos, realizada en el siglo XVI a partir de un antiguo viaje de agua, si bien el blasón fue labrado a mediados del siglo XVII.



Historia

La Fuente de los Caños Viejos se debe a Diego Sillero, el primero de los alarifes con los que contó la Casa de la Panadería (1590-1619). Inicialmente estuvo emplazada en la parte final de la Calle del Rollo, pero en 1588 cambió de lugar, como consecuencia de la construcción de la Calle Real Nueva, de la que surgió la Calle de Segovia, por orden del rey Felipe II.

Los artífices del traslado fueron el cantero Pedro de Nares y el maestro de obras Alonso Carrero, quienes colocaron la fuente en contacto con el muro occidental de una vivienda, en el actual número 21 de la Calle de Segovia. El escudo que ha llegado a nuestros días fue instalado hacia 1650, con lo que cabe pensar que sustituyó a uno anterior, probablemente del siglo XVI.

En el solar de este edificio se construyó a finales del siglo XVIII la llamada Casa del Pastor, pero ello no significó la desaparición de la fuente, que, muy al contrario, quedó integrada en la estructura. Este edificio toma su nombre del pastor que, según la leyenda, la recibió en propiedad. Se cumplía así el deseo del dueño anterior, un clérigo que oficiaba misa en la Iglesia de San Andrés, que mandó donar la casa al primer viandante que apareciese delante de la puerta, después de su muerte.

Curiosamente, no fue la actividad inmobiliaria la que acabó con la fuente, sino la traída de aguas del Canal de Isabel II, que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIX. Al perder su función, vinculada al primitivo sistema de los viajes de agua, fueron desmantelados los caños y el pilón, aunque no ocurrió lo mismo con el blasón de piedra, que, afortunadamente, se preservó.

La Casa del Pastor fue derribada en 1976, después de un lento proceso de deterioro, iniciado en los años cuarenta, que determinó la apertura de un expediente de ruina. Sorprendentemente, el escudo consiguió salvarse de la piqueta, cosa extraña dada la facilidad con la que se ha destruido el patrimonio histórico-artístico en esta ciudad.


Los restos de la fuente, antes de 1990, cuando se construyó el moderno edificio en el que quedaron integrados.

En el año 1990 fue levantado el inmueble actual, denominado igualmente Casa del Pastor, a partir de un elogiado diseño de Francisco de Asís Cabrero, Carlos de Riaño y José Cabrero, firmado en 1988. El proyecto, premiado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, contemplaba la integración de la Fuente de los Caños Viejos en el edificio, tal y como hoy se puede verse a los pies del Viaducto de la Calle de Segovia.

Descripción

Los restos de la fuente están situados en la Cuesta de los Caños Viejos, una pequeña vía que salva la pendiente existente entre las calles de Segovia y de Bailén. De la primitiva estructura sólo se conserva un paño de sillería, donde se asienta un escudo de armas de Madrid, labrado en piedra de granito.



El lienzo es cuadrangular (5 x 5 metros) y se encuentra enmarcado a los lados por medio de una moldura en saliente y, en la parte superior, por una cornisa corrida. En el centro hay instalada una falsa hornacina ciega, formada por dos pilastras laterales y un arco de coronación, sobre el que descansan, a modo de ornamento, dos pequeñas pirámides con bola (a los lados) y un pináculo (en el medio).

En el interior de la hornacina se aloja un escudo con corona de 2,5 metros de alto por 1,5 metros de ancho, con el oso rampante y el madroño esculpidos en altorrelieve. La factura barroca de la obra se evidencia en la abundancia de adornos curvilíneos alrededor de las figuras.

En el año 2007, el muro de granito fue traladado para colocar una farola, hecho que suscitó un cierto revuelo, aunque finalmente se tomó la decisión de retirarla, reparando los daños ocasionados. En la fotografía inferior, pueden verse los restos de la fuente en junio de 2007, con la farola recién instalada.


Fotografía de Diego Sinova, publicada en 'El Mundo' el 1 de junio de 2007. La farola que aparece a la derecha ya no existe.

martes, 16 de marzo de 2010

La Puerta de Felipe IV

La Puerta de Felipe IV es uno de los accesos más emblemáticos del Parque del Retiro. Su magnífica factura barroca y su espléndido entorno, con el Parterre como telón de fondo y el Casón del Buen Retiro enmarcando su frente, la destacan como una de las entradas más hermosas, por no decir la que más, de estos jardines históricos.



Un poco de historia

Construida en 1680, se trata de la puerta monumental más antigua de todas las que se conservan en Madrid. Fue diseñada por el arquitecto Melchor de Bueras, con una doble misión: por un lado, conmemorar la entrada en la Corte de la reina María Luisa de Orleáns, la primera esposa de Carlos II, y, por otro, servir de cierre al Real Sitio del Buen Retiro.

Estuvo emplazada en un principio en las inmediaciones del Monasterio de los Jerónimos, cerca de lo que hoy es la Plaza de Cánovas del Castillo, hasta donde llegaban los límites del desaparecido recinto palaciego. Y en esta ubicación se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando tuvo lugar el primero de sus dos traslados.

Éste se produjo durante el reinado de Isabel II (r. 1833-1868), en el contexto de los procesos de segregación y urbanización de los terrenos más occidentales del Buen Retiro, que dieron origen al actual Barrio de los Jerónimos. Como consecuencia de esta operación urbanística, el Real Sitio se desprendió del espacio comprendido entre la Calle de Alfonso XII y el Paseo del Prado, zona donde precisamente se encontraba la puerta.

Sorprendentemente, no se tomó la decisión de derribarla, como tantas veces ha ocurrido en la historia de esta ciudad, sino que fue llevada al Palacio de San Juan, un edificio que estuvo situado en el solar que hoy ocupa el Palacio de Comunicaciones. Con todo, existen otras versiones que sostienen que su destino fue la Casa de Campo.


La Puerta de Felipe IV en 1846, en su enclave original. Puede apreciarse a la derecha la desaparecida escultura de la diosa Fortuna, instalada en 1690.

El segundo y definitivo traslado se produjo en 1922. Siguiendo una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, la puerta fue devuelta a los Jardines del Buen Retiro, convirtiéndose nuevamente en una de sus entradas, tal y como Melchor de Bueras la había concebido.

Los trabajos de adaptación al cerramiento del parque fueron asumidos por Luis Bellido. El arquitecto no se limitó a un mero traslado, sino que amplió su planta, con el fin de que el conjunto adquiriera un aire todavía más monumental, acorde con la solemnidad de su nuevo enclave, entre el Parterre y el Casón del Buen Retiro.


La puerta, en su ubicación actual, en una fotografía tomada entre 1922 y 1936.

La confusión de su nombre

A pesar de su topónimo oficial, la puerta nada tiene que ver con Felipe IV. El único nexo existente con el monarca es la Calle de Felipe IV, de la que toma prestado su nombre por una cuestión de proximidad geográfica. Esta vía, que comunica la Plaza de Cánovas del Castillo con el Casón del Buen Retiro, fue trazada en el siglo XIX formando eje con el primitivo emplazamiento del monumento.


Lado occidental de la puerta, desde la Calle de Alfonso XII.

La puerta también es conocida como de Mariana de Neoburgo, la segunda esposa de Carlos II, aunque en realidad fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, su primera mujer. Ello es debido al doble aprovechamiento que se hizo del monumento, que, tras el fallecimiento de ésta, volvió a ser utilizado como entrada triunfal, en esta ocasión para celebrar la llegada a Madrid de la reina Mariana, en 1690.

Con tal motivo, fueron instalados en su frontal diferentes grupos escultóricos, entre ellos una diosa Fortuna, que ha desaparecido, así como una lápida alusiva a Mariana de Neoburgo y a la fecha en que ésta hizo su entrada en la Corte. De ahí la confusión existente sobre el año de construcción, que realmente fue 1680 y no 1690, como reza en la citada placa.

Los equívocos no terminan ahí, pues existen otras denominaciones. Se la llama igualmente Puerta del Ángel, aunque no hay, ni hubo nunca, ninguna figura de este tipo entre los motivos escultóricos. Es probable que este nombre provenga de la estatua de la diosa Fortuna que adornaba antiguamente la puerta, que se identificaba erróneamente con un ángel.

El cuarto y último topónimo es el de Puerta del Parterre, dada la proximidad de este recinto, uno de los espacios más singulares del Parque del Retiro.

Descripción

La Puerta de Felipe IV tiene una longitud total de 25 metros, a lo largo de los cuales se disponen tres vanos. El ubicado en el centro es el de mayor valor histórico-artístico, pues se trata de la pieza barroca diseñada por Melchor de Bueras. Los otros dos se sitúan en los extremos, en posición oblicua, y son fruto de la intervención arquitectónica de Luis Bellido, realizada en el primer tercio del siglo XX.

Todos ellos quedan unidos mediante una verja de hierro forjado, que se sostiene sobre varias pilastras de piedra, según el proyecto de Bellido. La fábrica empleada es sillería de granito, presente en las partes estructurales, y caliza blanca, reservada para los adornos.

Volviendo a la entrada central, es, sin duda, el elemento más destacado, no sólo porque posee la máxima altura de todo el monumento, 9,5 metros, sino también por su bellísima traza barroca.

Construida en una etapa evolucionada de este estilo, muestra una profusa decoración, con la que anticipa las corrientes churiguerrescas que triunfaron posteriormente, en el primer tercio del siglo XVIII. Así se pone de manifiesto en el tratamiento de las superficies, con entrantes y resaltes que se suceden, y el juego de formas rectas y curvas.

Pueden distinguirse dos cuerpos en este vano principal. El inferior, el que permite el acceso, está formado por un dintel, rodeado por molduras quebradas, con la línea recta como gran protagonista. El superior consiste en un arco de medio punto, cuya luz ha sido aprovechada para instalar diferentes motivos ornamentales, en los que dominan claramente las curvas.

En esta parte se alojan dos escudos, el de España en el lado occidental (mirando hacia el Casón del Buen Retiro) y el de Madrid en el oriental (hacia el Parterre), a los que acompañan adornos curvilíneos y florales. Éstos vuelven a repetirse en la coronación del arco, que también se remata con tres pináculos, a modo de jarrones.

Sobre el dintel que conforma el cuerpo inferior, aparece una cartela ovalada, en la que se recoge la siguiente leyenda: "EGRE DEHE MARIA ANA TUISOI ACONCOR CUIUTARCU ET COLOSOS QUOTNUME GENIA ERIGISELOGIA AVE ET FAVE 1690".


Lado oriental de la puerta, desde el Parterre, con el Casón del Buen Retiro al fondo.