Visitamos la Huerta de la Partida, cuatro años después de las intervenciones realizadas, que han supuesto la recuperación de uno de los parajes más singulares del Madrid renacentista. Se encuentra situada en la orilla derecha del Manzanares, muy cerca del
Puente del Rey, justo en el arranque de la Casa de Campo.
Estas tierras de cultivo se formaron como tales en el siglo XVI. Su explotación garantizaba el abastecimiento de frutas y hortalizas a la hacienda que la poderosa familia de los Vargas poseía junto al río, alejada del casco urbano.
En el año 1559 el rey Felipe II (r. 1556-1598) inició las gestiones para hacerse con la finca y con los terrenos colindantes, en un proceso de anexiones que duró hasta 1562, con la intención de crear una zona, próxima a palacio, para su disfrute personal.
La huerta quedó así integrada dentro de un espacio recreativo y cinegético vinculado a la Corona, pero no por ello perdió su función productiva.
'Vista de Madrid', de Antón van der Wyngaerde (1561). Biblioteca Nacional de Viena. Puede verse la Casa de los Vargas abajo a la izquierda, junto al antiguo cauce del arroyo Meaques, alrededor del cual se extendía la Huerta de la Partida.
El lugar mantuvo su carácter agrícola hasta el primer tercio del siglo XX, aunque ya no con fines alimenticios, sino terapéuticos, tras ser cedido en 1928 al Comité de Plantas Medicinales, dependiente del Ministerio de Agricultura, por parte de Alfonso XIII (r. 1886-1931).
Con el estallido de la Guerra Civil (1936-39), todo el vértice suroriental de la Casa de Campo, en el que se hallaba la Partida, quedó en muy mal estado. Aunque posteriormente se procedió a la recomposición de la zona, para la huerta fue una herida mortal.
En el año 2007, el Ayuntamiento de Madrid procedió a la recreación del enclave, con la plantación de casi un millar del árboles frutales y el acondicionamiento de los terrenos para su utilización como parque.
Uno de los elementos incorporados ha sido un cauce seco, que reproduce el antiguo curso del arroyo Meaques, cuyas aguas eran aprovechadas para el riego, a través de un canal artificial. El verdadero arroyo discurre soterrado en esta parte de su recorrido.
También se ha querido representar su desembocadura en el Manzanares, por medio de un pequeño estanque y un hito pétreo.
En la parte más alta de la huerta, ha sido instalado un sencillo mirador, desde el cual se divisan unas fantásticas vistas de la cornisa de Madrid, con el Palacio Real, la Plaza de la Armería, la Catedral de la Almudena y, ahora también, el Museo de Colecciones Reales como principales referencias visuales.