Madrid se convierte en un tema recurrente en la literatura de viajes a partir del siglo XVII, cuando la capitalidad es ya una realidad incuestionable y la villa se consolida como una de las grandes urbes del reino.
Pero incluso antes, Madrid llamó la atención de los viajeros. La primera referencia la encontramos en 1494 y se debe al cartógrafo alemán Hieronymus Münzer, quien, en su viaje por España, se detuvo en nuestra ciudad, describiéndola en estos términos: "es tan grande como Biberach. Sus arrabales son muy extensos; tiene muchas fuentes, víveres baratos y dos morerías habitadas por numerosos sarracenos."
En 1539, cuando aún faltaban veintidós años para su proclamación como capital, el historiador italiano Lucio Marieno Sículo dijo que Madrid es "de grande y digna memoria, asentada en muy buena región y bajo cielo muy claro, y no solamente es grande y populosa, sino también noble y de muchos caballeros que en ella tienen sus casas y heredades muy ricas."
"Ha sido esta villa muchas veces aposento y morada de los reyes de Castilla por las muchas y buenas cosas que en ella hay para aposentar caballeros y gente principal. Corren por ella aires muy delgados, por los cuales siempre vi gente muy sana. A este lugar viniendo el emperador don Carlos fue librado de la cuartana que le había fatigado mucho tiempo".
"Este lugar, aunque es villa, tiene y representa todas las partes de la ciudad. Dentro de la cual hay por número veinte iglesias, y más otras que están fuera de los muros. En el cerco de esta villa contamos ciento y veinte torres".
Saltamos a 1561, cuando Gaspar Barreiros publicó
Chorographia, un libro en el que éste relata su viaje desde Badajoz hasta Milán, con Toledo y Madrid como destinos intermedios. Aunque estamos en el año de la capitalidad, la visita del cronista portugués a nuestra ciudad fue anterior a ese decisivo hecho.
"Madrid es uno de los mejores lugares de Castilla. Está situado en una buena comarca bien abastecida: abunda el pan, el vino, el aceite, la caza, las frutas y animales domésticos por sus buenos aires. La Corte fija aquí muchas veces su residencia."
"Tiene murallas de paredes de barro con muchas torres. Algunos dicen que son ciento y treinta. Tiene Madrid muchas iglesias y monasterios. Entre ellos uno de frailes llamado Santo Domingo el Real, que este bienaventurado santo edificó y en el que viven más de cien monjas."
En 1584, transcurridas dos décadas del establecimiento de la Corte, el escritor holandés Enrique Cock se refirió a la nueva capital de una forma bastante despectiva, poniendo el acento en los problemas de insalubridad:
"En verano, cuando sopla en remolinos el viento, la atmósfera se llena de polvo procedente de la basura, y lo lanza sobre el rostro de los viandantes. Mas si de mañana se atreve uno a cruzar las calles, no es precisamente olor a incienso lo que le llega a las narices, sino a inmundicias y a desechos domésticos."
En 1594, Camilo Borghese, nuncio del Papa Clemente VIII, dio una de cal y otra de arena al referirse a la villa. "Es bastante grande y está muy poblada. Las calles son largas y serían bellas si no fuese por el fango y la inmundicia que las invaden. Está situada entre colinas y, en algunos lugares, tiene cuestas."
Aunque, analizándolo bien, fueron más las arenas que las cales. "Las casas son míseras y feas. Casi todas están construidas con tierra y, entre otras imperfecciones, carecen de letrinas; por lo que todos hacen sus necesidades en el orinal cuyo contenido arrojan a la calle, cosa que produce un hedor insoportable."
Y terminamos con Diego Cuelbis, un viajero alemán que recorrió España en 1599, casi acabando el siglo que nos hemos puesto como límite. Fue bastante generoso, tal vez excesivo, con la capital española:
"Tiene muchos magníficos edificios y es una de las mayores ciudades de toda España, pero me bastará decir que es casi tan grande como la ciudad de París". E, incluso, fue piadoso con el Manzanares. "El río que pasa junto a la villa no es hondo, pero harto ancho".
Bibliografía
Madrid en la prosa de viaje, estudio y selección, por José Luis Checa.
Consejería de Educación y Cultura (CAM). Madrid, 1992
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