Fuente de los Mascarones
Empezamos con La bollera de la fuente de la Puerta de San Vicente, un cuadro conservado en el Museo del Prado, que José del Castillo pintó hacia 1780. En él aparece la Fuente de los Mascarones, que el arquitecto italiano Francesco Sabatini había levantado cinco años antes.La fuente se encontraba al comienzo del Paseo de la Florida, en la actual Glorieta de San Vicente, enfrente de la puerta del mismo nombre, cuyo autor fue igualmente Sabatini.
No duró apenas un siglo, ya que en 1871 se decretó su derribo para facilitar la construcción del Asilo de Lavanderas.
Constaba de un único cuerpo, en cuyos cuatro frentes había un mascarón, del que brotaba agua en dirección a una concha invertida, para después caer sobre un pilón lobulado.
La parte superior estaba presidida por la figura de un niño a lomos de un delfín, con un surtidor en la boca. Los grupos escultóricos fueron ejecutados por Francisco Gutiérrez.
De este espléndido conjunto existe una elocuente fotografía, realizada en el año 1868 por Alfonso Begué, a quien el consistorio madrileño encomendó plasmar todas las fuentes vecinales y de ornato que había entonces en la villa.
Fuente de las Delicias
La segunda pintura que analizamos es la titulada Fuente pública en Madrid, una obra de 1875 de Casimiro Sainz y Saiz, que se guarda en el Museo de Historia. En ella puede verse la fuente barroca del Paseo de las Delicias, una vía que, en aquellos momentos, discurría por un entorno silvestre, sin apenas edificaciones.
El pintor cántabro, al que dedicaremos un reportaje próximamente, por sus numerosas conexiones con la capital, se valió de su técnica preciosista, característica de su primera etapa, para reflejar una escena costumbrista de aguadores y muleros.
Poco sabemos sobre el origen de esta fuente, más allá de la suposición de que pudo haber sido realizada en las últimas décadas del siglo XVIII, a tenor de su trazado. La presencia de conchas invertidas revela una cierta influencia de la Fuente de los Mascarones, de la que pudo ser coetánea.
En la segunda década del siglo XX fue trasladada a la Plaza de Nicolás Salmerón (actual Plaza de Cascorro), tras la eliminación del llamado Tapón del Rastro. Con este nombre era conocida una manzana de siete casas que entorpecía el paso, cuyo derribo en 1913 dio lugar a la plaza que hoy día sirve de entrada al popular mercado.
La fuente fue colocada en la embocadura de la Calle de los Estudios, según puede apreciarse en una sugerente fotografía de L. Huidobro, fechada posiblemente en 1927, que reproducimos a continuación. Hoy día preside el parterre principal del Parque de María Eva Duarte de Perón, cercano a la Plaza de Manuel Becerra, a donde fue llevada a mediados del siglo XX.
Fuente de los Once Caños
Regresamos al Paseo de la Florida, donde se hallaba la decimonónica Fuente de los Once Caños, llamada así porque tenía ese número de surtidores, aunque los cronistas de la época se lamentaban de que solamente funcionasen cinco. Fue proyectada en 1829.
Casimiro Sainz y Saiz plasmó su silueta trasera en el óleo En la fuente de San Antonio de la Florida, perteneciente a una colección particular. Lo pintó en 1877, apenas dos años después de finalizar el cuadro que hemos visto más arriba.A pesar del poco tiempo transcurrido entre ambas obras, su estilo ha cambiado radicalmente: la preocupación por el detalle deja paso a una atmósfera misteriosa, casi romántica, creada a partir de contadas gamas cromáticas, que parecen filtrar la luz.
La Fuente de los Once Caños estaba delante de la Ermita de San Antonio de la Florida, en las inmediaciones del desaparecido Puente Verde. Como se observa en la fotografía inferior, tomada por Alfonso Begué en 1864, estaba formada por un cuerpo central, en el que se abría una hornacina con una cabeza de león en su interior, y dos tramos laterales, cada uno de ellos con cinco caños.


















