viernes, 12 de febrero de 2010

El ábside de la Capilla del Obispo



Uno de los grandes atractivos del Museo de los Orígenes, situado en la Plaza de San Andrés, es la excelente panorámica que ofrece del ábside de la Capilla del Obispo. Sus patios interiores facilitan la contemplación de este elemento arquitectónico, algo que, desde la vía pública, resulta casi imposible, al quedar encerrado dentro de una manzana urbana.

La Capilla del Obispo es uno de los pocos edificios del reinado de Carlos I que se conservan en Madrid. Presenta una estructura extrañamente gótica y recalcamos lo de extraño, porque, en la época de su construcción (1520-1535), este estilo estaba completamente obsoleto. Por aquel entonces, el plateresco estaba más que extendido, como refleja el hecho de que la fachada de la propia capilla, que da a la Plaza de la Paja, se construyera siguiendo las pautas de esta corriente renacentista.


Vista del ábside desde el patio renacentista del Museo de los Orígenes.

El ábside tiene planta poligonal y se apoya en sólidos contrafuertes, entre los cuales se abren paso los vanos, formados por arcos de medio punto. Una cornisa corrida remata todo el conjunto, que se cubre con teja árabe. Con respecto a la fábrica, se combinan el ladrillo, utilizado en los contrafuertes y alrededor de los vanos, y el mampuesto de piedra con encintado, que aparece en los muros.

La excelencia arquitectónica (y también escultórica) de la Capilla del Obispo es tal que prometemos dedicarle un artículo mucho más extenso, en cuanto tengamos ocasión de visitar su espléndido interior, recientemente restaurado. Tan sólo hemos querido que su ábside gótico saliera de su guarida y se mostrara con toda su singularidad y belleza.

jueves, 11 de febrero de 2010

La Fuente de Ventura Rodríguez, de Boadilla



La Fuente de Ventura Rodríguez, también llamada de los Tres Caños, es uno de los monumentos más destacados de Boadilla del Monte. Formó parte de los desaparecidos jardines delanteros del Palacio del Infante Don Luis, que el citado arquitecto construyó por encargo de Luis Antonio de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III, entre 1763 y 1765.

A pesar de su porte majestuoso, la fuente no fue concebida como un elemento decorativo, sino como un aljibe, que abastecía de agua al palacio, a través de conductos subterráneos. Esta función condicionó tanto su emplazamiento, a espaldas de un desnivel que facilitaba la recogida de aguas, como su aspecto, a modo de un gran depósito cúbico.

Su cercanía con la entrada principal del palacio motivó la búsqueda de un solución ornamental, que ocultase la funcionalidad de la construcción. Ventura Rodríguez aprovechó la verticalidad de la estructura para levantar sobre uno de sus muros una fachada monumental, claramente neoclásica.

La fachada está dominada por un núcleo principal de piedra con tres cuerpos, que quedan delimitados por cuatro pilastras planas con capiteles toscanos. Están formados por hornacinas, las dos laterales de la misma altura y la central con un tamaño sensiblemente mayor, que se rematan con veneras de cuarto de esfera. Debajo de éstas, hay instalados mascarones, que actúan como surtidores, arrojando el agua sobre diferentes pilas.

El depósito que se esconde tras esta fachada es de planta cuadrangular y está hecho en revoco. Su parte superior queda rodeada por una cornisa corrida de piedra, que da unidad a todo el conjunto. En la inferior se sitúa un pilón de planta rectangular, que se rompe en los extremos mediante cuartos de círculo.



La Fuente de Ventura Rodríguez fue restaurada en 1991 por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Boadilla del Monte. En ese año también se pavimentó la plaza que actualmente se extiende a sus pies, donde estuvo originalmente el jardín anterior del Palacio del Infante Don Luis.

En cambio, los jardines posteriores sí que han llegado a nuestros días, aunque se encuentran en un lamentable estado de conservación, al igual que el propio edificio. Aquí estuvo emplazada la Fuente de las Conchas, diseñada también por Ventura Rodríguez, que actualmente decora el Campo del Moro (véase el artículo de Bélok sobre esta fuente, en el blog Viendo Madrid).

Por favor, basta ya

Nos unimos a la campaña iniciada por Bélok en el blog Viendo Madrid y denunciamos el vandalismo de los graffiteros, injustificable en todos los casos, pero, sobre todo, cuando se ceban con el patrimonio histórico-artístico.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Los 'jardines de secano' de la Puerta del Sol



El Ayuntamiento de Madrid, que tanto sabe de cementos y pavimentaciones, ha olvidado las nociones más básicas de botánica. No es de extrañar, a juzgar por sus últimas reformas de vías urbanas, donde los jardines han sido eliminados y sustituidos por losas de granito.

En algunos casos, como el de la recién transformada Puerta del Sol, se ha optado por plantar un poquito de verde. Pero, a la vista de los resultados, no sabemos qué será mejor, si añadir una nueva dosis de granitazo, material que el consistorio ya domina a la perfección, o probar suerte con la jardinería, disciplina en la que no consigue ni siquiera el aprobado raspado.



Es posible que estemos últimamente muy susceptibles y que tengamos el tono crítico muy elevado, sobre todo después de leer el estupendo artículo sobre la Plaza del Callao, publicado por Mercedes Gómez en el blog Arte en Madrid.

Pero, observando estas fotografías, no podemos dejar de apenarnos, no tanto por las plantas en sí, sino porque son una nueva expresión de la dureza y deshumanización que desprenden las últimas remodelaciones viarias llevadas a cabo por el Ayuntamiento.

¿No se merece la Puerta del Sol un ajardinamiento, por escaso que sea, más en consonancia con el valor histórico, artístico y simbólico del recinto, al estilo de los existentes en las plazas de la Villa, de la Independencia o de Cibeles?.

Está claro que el Ayuntamiento de Madrid ha optado por la vía económica. Siempre será más barato mantener pequeñas coníferas, de hoja perenne, que plantas de floración temporal, que exigen una renovación con cada estación y una mayor atención.

Pero, aún admitiendo la vía económica como opción posible (que no deseable), las autoridades municipales deben tener en cuenta que las plantas no sólo sirven para la foto del día de la inauguración, sino que deben perdurar para regocijo y disfrute de los ciudadanos. Incluso las coníferas de hoja perenne se secan, si no son objeto de un mínimo mantenimiento.

No es de recibo que, a los pocos meses de inaugurarse la reforma de la Puerta del Sol, los jardincillos que rodean sus fuentes se encuentren en tan mal estado. Si esto es así en un lugar tan visible y transitado como esta plaza, ¿qué no ocurrirá con las plantaciones de árboles y jardines de las vías menos frecuentadas? ¡Cuántos árboles y arbustos habrán muerto en estas zonas pocos días después de que los políticos se hicieran la foto!

martes, 9 de febrero de 2010

La Torre del Reloj, de Buitrago

El recinto amurallado de Buitrago del Lozoya es el único de la Comunidad de Madrid que se conserva en su integridad. Fue levantado entre los siglos XI y XIII, en pleno proceso de repoblación cristiana, si bien cabe pensar en la existencia de una muralla anterior, de origen andalusí, cuyo tapial pudo quedar incorporado dentro de la nueva construcción.

Con todo, la influencia musulmana es muy marcada en todo el conjunto. Tanto la fábrica empleada, mampostería con encintado de ladrillo en numerosos tramos, como la estructura, con torres macizas cuadrangulares, con escaso saliente con respecto al muro, responden a pautas arquitectónicas típicas de Al Ándalus. Ello se debe a la pervivencia de las citadas técnicas constructivas, más allá de los primeras etapas repobladoras de la Corona de Castilla.



La muralla de Buitrago da para tanto, que preferimos ir paso a paso y analizar por separado cada una de sus partes. Le toca hoy el turno a la Torre del Reloj, llamada así por el reloj instalado en el siglo XX, en su parte superior. Se trata de una torre albarrana, esto es, un torreón próximo al tapial, pero no integrado en el mismo, que, en este caso, tenía la función de vigilar la entrada principal de la ciudadela.

Es posible que fuera levantada en el siglo XIII para sustituir el sistema de acceso anterior. Éste estuvo formado probablemente por dos torres cuadrangulares, unidas por un arco de medio punto, siguiendo un modelo habitual en la arquitectura militar andalusí, que, como se ha dicho, tan presente está en el recinto amurallado de Buitrago. Sin ir más lejos, la Puerta de la Vega, uno de los ingresos de la muralla musulmana de Madrid, tenía una configuración como la que se acaba de describir.

Con la construcción de la Torre del Reloj se intentó hacer aún más fuerte la plaza, adoptándose un sistema de acceso en recodo, que quedaba completamente cubierto por el torreón. Precisamente ésta era la disposición que tenían las cuatro puertas de la muralla cristiana de Madrid (Valnadú, Moros, Cerrada -o de la Culebra- y Guadalajara), erigida en la misma época o, incluso, antes.



La Torre del Reloj mide 16 metros de altura y tiene planta pentagonal. La entrada a la que protegía está constituida por varios arcos de diferente tamaño, de forma ojival hacia el exterior y de herradura hacia el interior. En su parte interna, se observan varios huecos, a través de los cuales caía un rastrillo, que se accionaba en situaciones de emergencia para asegurar un aislamiento rápido.

lunes, 8 de febrero de 2010

La Manzana Roca




Aunque no suele llamar la atención del viandante, la Manzana Roca es uno de los enclaves más singulares de Madrid. Situada en pleno corazón del barrio de los Austrias, junto a la Plaza y Cava de San Miguel, reúne la mayor concentración de construcciones modernistas de toda la ciudad, con un total de seis conservadas. No existe ninguna otra zona en Madrid donde puedan verse tantos inmuebles de este estilo en sucesión.

Cinco de los seis edificios citados fueron construidos entre 1905 y 1911 por el arquitecto Valentín Roca y Carbonell, a quien la manzana debe su peculiar denominación. Fueron encargados por la Duquesa de Fernán-Núñez, que actuó como su mecenas. El otro fue proyectado por José López Sallaberry, artífice del Casino de Madrid.

Gracias a estos trabajos Roca es considerado como una referencia indiscutible del modernismo madrileño, si es que puede hablarse en estos términos, ya que esta corriente artística nunca adquirió una personalidad propia en nuestra ciudad y se movió dispersamente entre el eclecticismo, el historicismo y la influencia de Cataluña.

Plaza y Cava de San Miguel

El primero de los edificios levantados en la Manzana Roca se sitúa en la Plaza de San Miguel, número 4. Iniciado en 1905, es el más próximo al modernismo catalán, como así reflejan sus elementos ornamentales, con abundantes motivos vegetales, los trazados de las rejerías y el contorno dentado de los vanos.


Plaza de San Miguel, número 4.

En 1906, comenzó la construcción de un nuevo inmueble, en la confluencia de la Cava de San Miguel con la Calle del Maestro Villa. La intención unificadora de Roca con la obra anterior es manifiesta, pese a la presencia de signos diferenciales, como la utilización de modillones o ménsulas.


Cava de San Miguel, número 8 (esquina con la Calle del Maestro Villa).

El tercer edificio, del año 1908, se halla en la Cava de San Miguel, número 6, flanqueado en sus extremos por los dos inmuebles anteriormente descritos. Esta disposición alineada llevó al arquitecto a buscar la unidad visual de todo el conjunto, por lo que en esta obra optó por repetir la distribución de vanos y miradores de las otras dos. Ello no impidió que experimentase con fórmulas decorativas distintas, como inserciones geométricas y vegetales estilizados.



Plaza del Conde de Barajas

Roca realizó otros dos edificios en la manzana a la que presta su apellido. Se ubican en los números 4 y 6 de la Plaza del Conde de Barajas, que se extiende a la derecha de la Cava de San Miguel, conforme se baja hacia el Arco de Cuchilleros. Son los menos modernistas de todo el conjunto, sobre todo el emplazado en el número 4, pero, aún así, se observan detalles de interés en los diseños de las rejerías y en la ornamentación de los vanos.

En el número 5 de la citada plaza, se localiza el sexto inmueble modernista de los enumerados. Su autor no es Roca, sino José López Sallaberry. Fue concebido como un taller y después fue convertido en un bloque de viviendas, lo que transformó radicalmente su aspecto. Lamentablemente no queda nada de los elementos originales que decoraron su fachada, consistentes en líneas paralelas y círculos.


Plaza del Conde de Barajas: en el centro, detalle del edificio de Sallaberry y, en los extremos, las dos obras de Roca.

La concentración modernista de la zona no acaba ahí. En la misma Plaza del Conde de Barajas, Roca proyectó otro inmueble más, aunque fuera de la manzana que lleva su nombre. Se encuentra en el número 3 y ha sufrido alteraciones posteriores tan fuertes que es difícil imaginar su trazado primitivo. Tan sólo se conservan algunos motivos ornamentales de inspiración geométrica en la primera planta. Como curiosidad, hay que señalar que aquí tuvo su residencia la escritora María Zambrano entre 1931 y 1936.

Bibliografía

Madrid modernista: guía de arquitectura. Óscar da Rocha Aranda y Ricardo Muñoz Fajardo. Editorial Tébar, Madrid, 2007

viernes, 5 de febrero de 2010

El Móstoles mudéjar

Buscando las huellas del románico y del mudéjar madrileño, llegamos en esta ocasión hasta Móstoles. Puede resultar sorprendente encontrar este tipo de restos en un municipio de tan arrolladora expansión demográfica y urbanística.

Pero ahí están, ensombrecidos por los modernos bloques de viviendas que dominan el paisaje urbano, informando de un pasado medieval que, en la zona sur de la región madrileña, dejó su impronta arquitectónica en forma de mudéjar toledano.


Vista parcial de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el edificio más antiguo de Móstoles, guarda dos importantes muestras de arte mudéjar, que los expertos datan en los siglos XII y XIII: la torre y el ábside.

Ambos elementos consiguieron salvarse de las dos desafortunadas reformas de las que fue objeto el templo en el siglo XX. Estas remodelaciones, especialmente la segunda, significaron la práctica desaparición de las tres naves inicialmente construidas y su sustitución por un gran espacio interior, que quedó cubierto por una única bóveda.


Cabecera con ábside mudéjar, del siglo XIII.

El ábside sigue las pautas estilísticas del mudéjar toledano, aunque se observan rasgos del románico tardío del siglo XIII. Por esta razón, se ha fechado su origen en este siglo, a diferencia de la torre, que podría ser anterior.

Se trata de un semitambor, con basamento de mampostería encintada, y seccionado en dos cuerpos de arcos ciegos de herradura apuntada, enmarcados por alfiz. La estructura se remata con una fila de canecillos.

Con respecto a la torre, probablemente fue erigida en el siglo XII. Mide 26 metros de altura y presenta planta cuadrangular. Combina en su fábrica el ladrillo y el mampuesto. En su parte superior, se encuentra el campanario, que se apoya en ocho arcos de medio punto, dos por cada una de las cuatro caras.


La torre es del siglo XII.

jueves, 4 de febrero de 2010

Museo de Colecciones Reales, ¿otra panorámica rota?

Las obras del Museo de Colecciones Reales siguen a buen ritmo. Seguramente será un museo espectacular, un digno continente para el valioso contenido que va a custodiar, obras de arte actualmente dispersas en diferentes almacenes y dependencias, incluidas las piezas del antiguo Museo de Carruajes, del Campo del Moro.


Estado de las obras en enero de 2010. Hasta el momento, se ha procedido al vaciado del solar y a la consolidación del terreno.

Sin embargo, nos preguntamos cómo va a encajar este edificio en un entorno dominado por el Palacio Real, la Plaza de la Armería y la Catedral de la Almudena. A pesar del prestigio y renombre de sus creadores, los arquitectos Mansilla y Tuñón, nos asaltan muchas dudas sobre el impacto visual que puede tener un moderno bloque de planta rectangular, yaciendo justo debajo de este conjunto monumental.

El nuevo museo va a ocupar una parcela de 10.700 metros cuadrados, desde la que se construirán varias plantas, que, elevándose desde el Campo del Moro, llegarán hasta la misma base de la fachada occidental de la catedral.



El futuro Museo de Colecciones Reales, según una simulación del estudio de arquitectura de Mansilla y Tuñón.

¿Estaremos ante un nuevo e irremediable desatino? ¿Perderemos una de las más bellas vistas de nuestra ciudad? Ya nos robaron en su momento la panorámica de la Puerta de Alcalá, rota por la silueta de la Torre de Valencia, y posiblemente también nos quiten ésta y la del Parque de la Cornisa, con la inquietante amenaza de construir un complejo eclesiástico a los pies de San Francisco el Grande.


La panorámica amenazada. Vista del Palacio Real y de la Catedral de la Almudena, desde el Parque del Oeste, en mayo de 2008, antes del comienzo de las obras.